Carlos Vicente, investigador de GRAIN (organización no gubernamental internacional que trabaja apoyando a campesinos y a movimientos sociales en sus luchas por la biodiversidad y la soberanía alimentaria) dialogó con Fm Pocahullo y habló sobre los intentos del gobierno nacional de modificar la Ley de Semillas y los riesgos que esta modificación implicaría para la soberanía alimentaria y la salud de la población argentina. 

«Macri iba a anunciar la modificación de Ley de Semillas por Decreto de Necesidad de Urgencia. Si bien el Decreto no se logró aprobar esta semana, sabemos que tienen una reunión la semana que viene para tratar de consensuar un texto para el Decreto, y es posible que lo logren imponer, entonces seguimos atentos, seguimos alerta. «

Como todos los sectores de la oposión están en contra, planteaban apobar la modificación de la Lay de Semillas mediante un Decreto de Necesidad de Urgencia, sin pasar por el Congreso.

Felizmente, hubo varios factores que imposibilitaron el Decreto: uno sería que las organizaciones que formamos el Foro Agrario Soberano y Popular reaccionamos rápidamente, pero por otro lado tanto el sector semillero que es el que quiere cobrar las regalías como el sector sojero que es el que tiene que pagar las regalías  no estaban conformes con el texto del Decreto. Una de las cosas a las que el sector sojero se oponía era que, con este Decreto ellos deberían pagar las regalías y no el Estado, como se había planteado en proyectos de Ley anteriores, entonces la Mesa de Enlace manifestó su desacuerdo.

Lo mismo el sector semillero, que pide que siga habiendo controles privados sobre la presencia de semillas que tengan derecho de obtentor, entonces ellos tampoco estuvieron de acuerdo.

Desde los grandes medios se plantea que hay una ley antigua, que hay que modernizarla porque ahora hay biotecnología, cuando lo que en realidad lo que hay detrás es el control de las semillas por las corporaciones y el intento de cobrar regalías cada vez que un agricultor guarda semillas para volver a sembrar.

Esto tendría un fuerte impacto en los productores, las semillas nativas podrían ser apropiadas como descubrimiento por parte de las empresas. También podría pasar que si a un agricultor se le contamina su cultivo con un maíz transgénico se lo podría denunciar por usar las semillas de las corporaciones.

Pero no tiene que ver solamente con los agricultores, esto repercute en nuestra mesa todos los días, quien controla las semillas controla toda la cadena alimentaria. Hoy en día 4 corporaciones en el mundo controlan el 60% del mercado de semillas con Bayer-Monsanto a la cabeza. Ellos deciden qué se siembra, cuánto se paga y eso repercute en lo que comemos cada días, tanto en calidad y diversidad como en cuánto cuesta.

Es por esto que cuando vamos a comprar vemos que hay un solo tipo de tomate, homogéneo, redondito, sin sabor, porque ese es el que se impone en el mercado por quienes venden la semilla.

En 60 años de este modelo de agricultura industrial perdimos 3/4 de las semillas que los campesinos y campesinas del mundo crearon durante 10 mil años. Estamos destruyendo la base de nuestra alimentación dejando todo en manos de las corporaciones.»

Escuchá la entrevista completa acá.

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