Luego de la derrota electoral del oficialismo, cuyo resultado fue nada sorpresivo por la crisis a cielo abierto que desató lo ocurrido en las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) del pasado 12 de septiembre, es necesario hacer un pequeño balance de lo que dejaron estas elecciones generales legislativas.

La primera impresión que arrojaron dichos resultados, tiene como factor común -tanto en medios de comunicación como en la opinión pública- el crecimiento de la “derecha”. Si bien los números nos dicen que Juntos por el Cambio obtuvo la victoria a nivel nacional con un 42,44%, frente al 32,17% del Frente para Todos, la coyuntura política detrás de la crisis tiene raíces más complejas. Para ello, es necesario recuperar datos de elecciones anteriores.

Para tantear en manos de quién se dio la contundente derrota de la coalición gobernante, tenemos que considerar un nuevo fenómeno que surgió de las dos elecciones del corriente año. Si comparamos los números de las generales del 2019 con las del domingo 12 de septiembre, notaremos que el Frente de Todos perdió más de 5 millones de votos. ¿Esto quiere decir que una gran masa de votantes kirchneristas se reconcilió con el macrismo? En absoluto, ya que, en el caso de Juntos por el Cambio, fueron cerca de 2 millones los votos perdidos respecto a 2019.

Es acá donde entra el fenómeno del abstencionismo. Este 2021 ha juntado las dos elecciones con más baja participación, del 83 a la actualidad. Y si bien de septiembre a noviembre la participación aumentó 5 puntos -según la Cámara Electoral Nacional (CEN)-, los datos no dejan de sorprender.

Por otro lado, muchos otros votos se volcaron en tendencias diametralmente opuestas. Es decir, muchos de los votantes perdidos por los dos platos principales, consolidaron al Frente de Izquierda Unidad como tercera fuerza nacional que metió cuatro diputados nacionales, en una elección histórica para esas fuerzas. No obstante, partidos como el de Milei y Espert también cooptaron muchos de esos votos en disputa.

El trasfondo del balance manifiesta que hablar en términos de quién sale fortalecido y quién no, es relativo porque el voto no es representativo dentro del marco de la democracia burguesa. Los/as votantes oscilan en sus decisiones porque las expresiones históricamente verdaderas son -en su gran mayoría- el voto bronca, voto castigo, el mal menor, y hasta desde el apolitismo absoluto. El voto militante siempre fue minoritario, y es por eso mismo, que debemos hablar en términos relativos de victoria y derrota.

Es posible que lo más saliente de las ultimas elecciones sea el abstencionismo y no cómo quedo conformado el Congreso a partir del pasado 10 de diciembre, porque sabemos que quienes levanten la mano para votar condiciones más favorables o menos favorables para el pueblo, depende más de cómo nos organicemos nosotras/os fuera del recinto, que de su convencimiento político-ideológico.

¿Será ésta, en definitiva, una expresión consciente de insatisfacción de lxs trabajadorxs para con el régimen político y sus principales partidos tradicionales?

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