¿Qué ves? ¿Qué ves cuando me ves?
Cuando la mentira es la verdad.

¿Qué ves? Divididos (2000)

Por Marcelo Impemba y Hugo Bonigo

Vivir en una ciudad que además es un destino turístico se ha convertido en algo peligroso en tiempos de pandemia. Un riesgo subsumido a la renta. La vida tiene menos valor que la apertura de un local gastronómico o un hotel. Economía y salud son los dos extremos que se tocan, un debate vacío si no se lo llena de contenido.

Luego de la temporada estival, las autoridades provinciales exhibieron orgullosos el hecho de haber sido una de las provincias más visitadas, en especial la región sur. Con esos números a favor llegamos a Semana Santa “empujados” desde muy cerca por la anunciada segunda ola del Covid.

El Ministro de Turismo y Deporte de la Nación, Matías Lammens, creó y recreó un relato cuando sostuvo -con todaclaridad y contundencia, y de cara a los feriados de Semana Santa-, que el problema en el crecimiento de contagios no tuvo nada que ver con el movimiento turístico.

Un discurso homogéneo, reproducido a nivel provincial por la Ministra de Turismo, Marisa Focarazzo, quien apoyada en la “estadística” aseguró que no se puede asociar un mayor contagio al turismo. En declaraciones periodísticas afirmó que “en la cordillera neuquina fueron mínimos los contagios». Para demostrarlo, tomó como ejemplo nuestra localidad: «San Martín de los Andes tuvo más de 120 mil turistas y tuvieron 50 turistas contagiados». Focarazzo reforzó esa declaración con un posicionamiento negacionista e invirtiendo el orden de la prueba: «los contagios que se dieron en la cordillera fueron por reuniones familiares o visitas a otras provincias porque los neuquinos también salieron de la provincia».”

Aquel discurso uniforme elaborado desde Nación, terminó siendo hegemónico. Las provincias y municipios lo reprodujeron, con el acompañamiento de las cámaras empresarias del sector hotelero y gastronómico, y con una amplia difusión en los medios. El argumento fue trasladarles toda la responsabilidad de los contagios a los habitantes de la región cordillerana (San Martín de los Andes, Junín de los Andes y Villa La Angostura), “irresponsables y poco solidarios con la actividad turística”.

Nos convertimos en el “pato de la boda” como decían nuestros abuelos. En los meses en que no hubo turismo, debido a las restricciones durante el invierno 2020, los gobiernos tanto provincial como municipal, junto a los empresarios, se “acordaron” de los residentes, en especial los estatales con sus bolsillos llenos, en quienes vieron potenciales consumidores dispuestos a colaborar y realizar gastos turísticos en su propia ciudad. Así nació una nueva categoría denominada “turismo local”.

Luego, ya abierta la actividad turística en diciembre pasado, los residentes pasaron a ser considerados “los verdaderos culpables del aumento de contagios”, sin que mediaran “estaciones intermedias”, argumentos basados en datos a los que nadie ha tenido acceso, y en un sentido común manipulado.

Algo está claro, el turismo no es el responsable. Es solo una actividad humana. Lo que ocurrió es que el aumento de los casos está relacionado con la circulación libre de personas, que es la base y alma del turismo.

Estadísticamente, qué probabilidad tiene un visitante de contraer Covid en sus cinco días de estadía promedio. En cambio, puede traerlo consigo. Recordemos que tenía que completar una declaración jurada sin ningún control epidemiológico. En oposición, tiene mayores probabilidades de contagiarse Covid un habitante de una localidad como San Martín de los Andes, que tuvo la visita de más de 120 mil turistas. Alguien que, por ejemplo, tiene que viajar en transporte público y trabajar en relación directa con semejante renovación de personas.

Cuando se habla de la baja incidencia del turismo, y del ínfimo porcentaje de turistas que dieron positivo para Covid-19, esa estadística carece de todo fundamento metodológico o científico, ya que no hubo un programa preventivo de testeo a los viajeros que ingresaron a los diferentes destinos. La decisión oficial fue dejar en manos de cada uno de ellos la posibilidad de dar parte a las autoridades de Salud, si es que presentaban síntomas.

En un artículo sobre la situación en Bariloche, publicado por el diario Río Negro el 28 de enero de este año, y con respecto al comportamiento de los visitantes, en el desarrollo de la nota consta que “las autoridades sanitarias presumen que una gran cantidad de turistas con síntomas leves no realizan la consulta. Se automedican, toman algunos cuidados especiales, pero sabemos que no llegan al sistema formal”.

Entonces, cualquier estadística que se exhiba tendrá que ver con los turistas que decidieron presentarse por su cuenta, y no sobre el total de viajeros ingresados, lo que deriva en una visión sesgada y funcional al discurso hegemónico y homogéneo ya mencionado.

En otras palabras, además de los ingresos en dinero, también vino y se quedó el virus. Y esta afirmación, en cambio, se respalda en estadísticas que relacionan el devenir de la temporada con el aumento de los casos (contagios y muertes).

Si tomamos en cuenta lo ocurrido en San Martín de los Andes, los números demuestran que, en los primeros meses de la pandemia, desde marzo y hasta el último día de noviembre 2020, en la ciudad se habían registrado 665 casos de Covid-19 y habían fallecido 9 personas.

A partir del 1 de diciembre del año pasado, en San Martín de los Andes se decidió la apertura de la temporada turística y, siempre de acuerdo a los datos oficiales entregados por el Comité de Operativo de Emergencia Municipal (COEM), entre diciembre 2020 y febrero 2021 se reportaron 3.506 casos con 36 muertes por Covid. Los registros señalan 769 casos en diciembre 2020, y ya en 2021, otros 1.965 casos para enero y 772 en febrero.

Si comparamos los reportes de casos del país con los informados para San Martín de los Andes, veremos también un porcentaje mayor para nuestra ciudad. Los casos de Covid-19 en la Argentina fueron 196.803 en diciembre 2020 y 305.528 en enero 2021, lo que marcó un aumento del 35,6 para todo el país. En San Martín de los Andes, de acuerdo a los informes oficiales señalados en el párrafo anterior, el incremento entre diciembre 2020 y enero 2021 fue del 60,9%, superando holgadamente la media del incremento nacional.

Claramente, la estadística demuestra que el pico estuvo en pleno enero, cuando además de reportarse casi dos mil casos, hubo 24 muertes. Esta dura realidad es intencionalmente “tapada”, cuando se sigue sosteniendo desde organismos oficiales y empresariales, que fue debido a las fiestas de fin de año. En forma inversa, y en consonancia con el menor movimiento turístico histórico para la ciudad, en febrero comienzan a descender los casos, especialmente luego del feriado de Carnaval.

La explicación oficial intentaría demostrar que los residentes nos “enajenamos” cuando están presentes los turistas, adquiriendo comportamientos irresponsables que provocan el aumento de contagios y, por el contrario, adoptamos una actitud totalmente opuesta cuando baja la temporada para volver a comportarnos con responsabilidad individual y social ejemplar. Lo mismo puede decirse para el resto de las localidades turísticas del país, que en la temporada estival tuvieron un aumento de casos y luego comenzaron a bajar de manera semejante a la observada en los destinos cordilleranos.

Datos de abril, hasta el informe del COEM del viernes 9.

El Covid -en especial sus variantes más agresivas-, circula con las personas, va y viene con esa movilidad moderna llamada turismo. Sucedió en el mundo, sucede en los países limítrofes, ¿por qué no nos va suceder a nosotros? La directora del Hospital de Cipolletti en declaraciones a la prensa, mostraba preocupación en un sistema sanitario al límite, por el regreso de los cipoleños que habían salido de viaje en Semana Santa.

Mientras tanto, San Martín de los Andes asistió a la realización del Patagonia Run Columbia Montrail, una competencia que reunió más de 4.000 participantes, a los que hay que sumarles los acompañantes que llegaron con ellos para disfrutar de la ciudad. En coincidencia con ese evento, el jueves 8 de abril la página oficial del Municipio recordaba la prohibición de realizar eventos deportivos con más de 100 asistentes.

Con la llegada de la segunda ola de coronavirus al país, el jefe de la Zona Sanitaria IV, el Dr. Néstor Sáenzseñalaba que por el momento no era necesario tomar otras medidas restrictivas. En relación a lo que sucedía con el resto del país, pronosticaba” que la segunda ola iba llegar a la región hacia fines de abril y comienzos de mayo, momento en el que los infectólogos que asesoran al presidente sostienen que en realidad estaremos viendo los efectos del feriado de Semana Santa. En nuestro caso, esto se sumaría la posible incidencia del Patagonia Run en la cantidad de casos que se reporten para entonces. 

Si hubiera dos formas de proyectar, planificar y gestionar el desarrollo de una ciudad turística, el modelo que ha predominado hasta ahora tiene como eje lo económico. Lo vivimos en “carne propia” en nuestra localidad: es aquel que prioriza al turista. Su arribo genera ingresos y empleo, y para quienes creen en el efecto “derrame” (bandera de ese modelo), esas llegadas hacen mover la maquinaria productiva y toda la población se beneficia. El costo en pandemia es alto. Aumentan los contagiados y en particular las muertes, y se colapsa el frágil sistema sanitario, con el incremento de las internaciones en las pocas camas de cuidados intensivos. No habría opción. En este marco, las restricciones sociales serían un “mal necesario”, para preparar el destino a la próxima temporada. Llegar en mejores condiciones.

En la vereda de enfrente, hay quienes proponen un desarrollo más humano que priorice la calidad de vida de sus habitantes. Coloque el eje en sus condiciones de existencia, y se prepare de la mejor manera para recibir visitantes-turistas. Un modelo que se apoya en una visión integral -urbana, social, sanitaria, infraestructural, etc.-. Un posicionamiento que no niega la llegada de turistas en pandemia, pero si pone el acento en regular el número de turistas simultáneos, estableciendo límites a las solicitudes de circulación, mayores controles en los arribos y cumplimiento de protocolos, entre otros.

El primer modelo, está orgulloso del “éxito” de la temporada basado en el número de turistas, el gasto y los millones que ha generado, movimiento que no se traduce en mejores condiciones para el conjunto de la población estable, y mucho menos para quienes trabajan en el sector de servicios turísticos, víctimas de una informalidad denunciada frecuentemente por el gremio que los agrupa e intenta protegerlos.

El segundo prioriza la vida de los vecinos. Las muertes son la expresión del fracaso, un número que provoca dolor y debe hacernos reflexionar.

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