¿Pasaste en este tiempo por la plaza Güemes? Quizás la viste de lejos o no te detuviste. Quizás ya no pasás cerca o no tenés por qué ir. Quizás no fuiste nunca.

Esto último sería un tipo de rareza, ya que esta plaza albergó a una de las ferias comunitarias más grande de nuestro pueblo. Cada quién con su manta o con mesa, algunas con sillas, algunos con música llevaban para vender desde ropa usada (que era lo que más había) hasta juguetes que no se usaban, dvd, comida, y lo que se le pudiera ocurrir al que lee. Y si, vos dirás: ‘Pero si eso sigue existiendo, de hecho, esa misma feria se mudo un poco más allá, en la plaza de productores’. Es cierto, no podré negarlo. Pero ni vos ni yo, podremos negar tampoco que lo que pasaba en la Güemes era sorprendente. Quizás es el tamaño de la plaza, quizás donde está ubicada, quizás la forma de la plaza. O quizás, y permitime divagar un poco, es que los espacios se hacen costumbre, y cuando se mueven, un poco de eso se pierde. Probablemente sea alguna de estas razones, o por qué no, todas.

Si hacemos un poco de memoria, hace un par de años, con la excusa del arreglo de la plaza San Martín trasladaron el Trabún encuentro de los pueblos. También el arreglo duro más de los esperado, debilitando un espacio de encuentro de nuestro pueblo. 

La cosa, es que ese lugar de encuentro, que conformó un foco de economía para nuestro pueblo, que ayudó a rebuscar el laburo en momentos de crisis, que aportaba a quién compraba, pero también a quien vendía, donde circulaba el mate y la risa, y la ropa se reutilizaba, o nos convidaba los mejores lemon pie, hace unos años se mudó. Y decir que se mudó un espacio que era de todos y de todas, donde quien quisiera podía ir, es injusto. No se mudó, se reubicó por la supuesta mejora de la plaza. Nadie preguntó, nadie dijo si luego iba a poder usarse, nadie. Un día simplemente se cerró, se alambró y se empezó a construir. No está mal que se arregle o cambie, el problema es que la rapidez con que se empezó este trabajo fue opuesta a la lentitud de la obra. Y la plaza, hace más de un año cerrada, hoy parece un baldío donde ni siquiera se corta el pasto o se sacan los yuyos. Y lo que fue un espacio de encuentro, hoy es abandono.

Este texto no es noticia, solo nostalgia de lo que fue y de lo que puede volver a ser. Y para que quien pase y vea, sepa que la nostalgia nos agarra a todas.

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