Desde esta redacción repudiamos el accionar de la policía bonaerense que, luego de tres días de protestas, ayer durante ocho horas rodeó la quinta presidencial de olivos armados y en patrulleros que el Estado les provee, para hacer lo que mejor les sale: sembrar el miedo para resguardar sus privilegios y su impunidad.

El reclamo de la bonaerense tiene una larga historia desde reiterados intentos de sindicalizarse, pasando por el histórico paro en el año 2013, hasta los 14 puntos que esta vez presentaron. Si bien algunos de los reclamos merecen un debate aparte lo que hoy se rechaza es la forma irresponsable y violenta con la que exigen sus pedidos.

La misma fuerza que reprime las manifestaciones de organizaciones sociales, hace días ocupan las calles de La Matanza (y otros puntos sensibles del Conurbano), armados y arriba de los patrulleros sin siquiera ser cuestionados. La misma policía que detuvo a Facundo Astudillo Castro  por circular durante el aislamiento obligatorio y es acusada por su desaparición forzada y asesinato (sólo por mencionar uno de los 92 que denuncia CORREPI ocurridos en cuarentena), es la misma fuerza que circula organizada para extorsionar a un gobierno elegido democráticamente. La policía bonaerense que abusa sistemáticamente de su poder en los barrios del conurbano profundo, es la misma policía que hoy suplica para que no se los exonere por su conducta desestabilizadora.

La provincia de Buenos Aires gobernada por Axel Kicillof tiene alrededor de 17 millones de habitantes y dispone de 93.500 efectivos a cargo del ministro de seguridad Sergio Berni. Según sus datos, cada 181 personas hay en promedio 1 policía. En todo el país se calcula que cada 100 mil habitantes hay 558 efectivos. Solo para tener de referencia Naciones Unidas sugiere que el ideal es el de 300 efectivos policiales cada 100 mil habitantes. Aún así el presidente Alberto Fernández anunció días atrás la incorporación de 4.000 agentes federales para actuar en la provincia.

Tal vez este momento nos sirva para replantearnos cuál es el verdadero rol de la policía que no es una institución aislada de este sistema perverso donde ahora el amo juega al esclavo. Es el mismo Estado que recluta, entrena y equipa a una fuerza que la única seguridad que brinda es la mantener las condiciones de privilegio del poder real que utiliza a la policía como mano de obra barata y avala acciones peligrosas como las ocurridas ayer con tal de perpetuar su impunidad.

Los análisis en relación a este accionar de la bonaerense son varios y las organizaciones sociales han emitido ya sus repudios, argumentos, antecedentes y la exigencia de que esta acción de extorsión no quede sin ser sancionada. Les invitamos a leer, a buscar y a reflexionar sobre la realidad que no puede ser agravada por este tipo de acciones que atentan contra la vida democrática, que con todas sus contradicciones y pesares hemos construido, sobre la base del dolor, la tristeza, la rabia y la memoria.

Es urgente pensarnos juntxs , organizadxs y disputar los sentidos que buscan imponernos, un mundo mejor no se construye desde la violencia, la impunidad, la búsqueda de enemigos internos y sembrar el terror. Ese mundo mejor lejos está de construirse con medios que reproducen las 24 hs en favor de los intereses de los poderosos.

Rodolfo Walsh decía que «El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información ” cuando escribió la carta abierta a la junta militar. Nosotrxs reafirmamos su palabra, en tiempos de saturación de información de bombardeo de «pseudo noticias» para aturdirnos, apostamos a la comunicación de los pueblos, a gestar medios responsables y que fortalezcan la participación y la democracia.

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