Los pequeños y pequeñas productoras y cooperativas nucleadas en el MTE Rural emitieron un comunicado en el que expresan la necesidad de que la provincia de Neuquén, adhiera a la Ley Nacional de agricultura familiar y se apliquen políticas públicas para fortalecer la economía regional, garantizar el acceso a la tierra y poner en agenda el debate sobre la soberanía alimentaria

“En el año 2018 se presentó en la legislatura de Neuquén un Proyecto para adherir a la Ley Nacional (de agricultura familiar), pero a pesar de algunos debates nunca se llegó a sancionar.” Dice en uno de sus párrafos la comunicación. Para profundizar en este pedido hablamos con Trinidad Rodríguez quien forma parte del MTE rural San Martín de los Andes.

¿Cómo vienen trabajando el acceso a la tierra, al agua y a los recursos necesarios para la producción hasta el momento? Dado que no existe un marco regulatorio específico en la provincia.

Los proyectos que tomamos son los que salen desde Nación o Provincia. Acompañamos a los productores para llevar adelante estos proyectos, tanto en la formulación, comunicación, desarrollo y articulación con las instituciones. Muchas veces los proyectos no incluyen mano de obra, por lo que la llegada al área rural  de salarios sociales propuestos por la economía  popular es siempre un gran aporte para la ejecución de las tareas.  Se está articulando con la Secretaria de Agricultura Familiar de Nacion , INTA, Producción  Provincial y municipal

Siempre se priorizan los proyectos que promuevan el acceso al agua. En el área Rural en general y en  las comunidades en particular el acceso al agua depende de la captación de vertientes. Hay que tener en cuenta que la población creció, el cambio climático también afecta muchísimo a las reservas  de agua. Con respecto al acceso a la tierra, en Neuquen no hay programas que incluyan esta disponibilidad que para incentivar la producción sería fundamental y es uno de los ejes de la Ley de Agricultura Familiar.

Hemos tenido conversaciones con la secretaria de producción del Municipio para abordar espacios ociosos para la producción y poder armar un grupo productivo para autoconsumo en principio y de ahí en adelante aportar al espacio comercial. Esto aún está en tratativas.

¿Qué aspectos consideras más importantes de la Ley Nacional de agricultura familiar para modificar la situación actual?

La propuesta abre un camino hacia concretar ciertas cuestiones que vienen hace tiempo postergadas. La agricultura familiar en toda Latinoamérica representa una gran parte de lo que es la producción no solamente agropecuaria o ganadera sino también actividades forestales y pesquera que tienen muchos actores en el territorio: los crianceros en  Chos Malal, comunidades originarias en todo el sur y así en todo el territorio.

Hay mucha producción en Neuquen y hoy distribuida, sin la ejecución de políticas públicas que puedan generar un incentivo y continuidad en el tiempo,  de esa manera es imposible poder concretar un desarrollo económico sostenible y que realmente sea fructífero para las familias que trabajan la tierra. Hoy en día es una economía de autosustento y lo poco que se comercializa, se hace de manera informal. Es necesario no seguir postergando estas cuestiones y pensando que esta ley pueda llegar a salir, queremos que sea un beneficio visible para pequeños productores

Estamos priorizando los núcleos del MTE rural que están dentro de cooperativas para poder escuchar esas voces y reflejarlas en los artículos de la ley. Es indispensable también la participación de los pueblos originarios que representan una gran cantidad de pequeños productores y en este sentido deben visibilizarse otras cuestiones culturales que se incluyan en la redacción de los artículos de la Ley y que prioricen un esquema productivo que podría reflejar el crecimiento dentro de la comunidad y un gran aporte para la economía regional, teniendo en cuenta como cuestión principal que el alimento en las comunidades mapuches depende en gran parte de esa producción y logrando un incentivo y acompañamiento real puede cambiar la economía de esa población, atendiendo también a lo que representa la posibilidad de persistir en el territorio .

Los pueblos originarios (en el caso de Neuquén el pueblo Mapuche), hasta hoy han permanecido en el territorio en una fase de resistencia, tratando de mantener su cultura y eligiendo donde y como vivir, pero al no encontrar oportunidades para su desarrollo, se ven  obligados a salir  para  acceder a la economía formal. Vemos que si bien los pueblos originarios están dentro de la definición de agricultores familiares, necesitamos que sea un punto concreto a desarrollar  dentro de la Ley porque hay otras cuestiones que se deben evaluar cómo ser: la cultura, la forma de producir, de comercializar y de transmitir los saberes y de esa manera respetar sus valores y que no sigan postergándose o diluyéndose.

El banco de tierras también es un aspecto relevante. Hay que definir bien qué tierras se van a utilizar en ese banco, sobre todo, sabiendo que hay muchas comunidades que todavía no están relevadas dentro del territorio en el marco de la ley 26.160 y eso es prioridad antes de llevar adelante la adjudicación de espacios para producción.

Otro punto importante tiene que ver con el relevamiento de productores. Un relevamiento solo, sin fondos carece de valor porque si se pretende que un productor se vaya a inscribir, ya sea por la distancia, difusión, traslado y otras cuestiones, sabemos que no va a suceder. Si no ejecuta un fondo para poder llevar adelante un esquema real de relevamiento, no podemos cuantificar la producción que tenemos como para poder llegar a una economía regional que abastezca muchos lugares del mercado.

En tu experiencia. ¿Qué cambios necesitamos para alcanzar la soberanía alimentaria?

La soberanía alimentaria significa el derecho que tienen los pueblos a los alimentos nutritivos y producidos de forma sustentable, el derecho a decidir cómo nos alimentamos, qué sistema productivo utilizamos sin afectar el medio ambiente y priorizando la nutrición y el valor cultural que tiene. Se trata de superar el sistema agroalimentario actual que está roto por los modelos capitalistas imperantes en el mundo donde es prioridad la rentabilidad frente a la calidad de los productos. Las largas cadenas que benefician a los intermediarios, le quitan poder de decisión y de producción a los pequeños productores, ya sea estando dentro de una cooperativa, o siendo dueños de una pequeña parcela, como también y sobre todo a quienes arriendan tierras con contratos precarios. No se puede decidir cómo cultivar porque si después de alquilar seis meses la tierra para la siembra de cebolla agroecológica, se viene la siembra de un cereal con un paquete tecnológico que incluye pesticidas, herbicidas y todo lo que sabemos que lleva el sistema de producción actual, no se puede pensar en un sistema agroecológico en el tiempo.

El cambio tiene que ver con poner la mirada en el sector productivo de la agricultura familiar para poder elaborar nuestros propios alimentos. Lograr una etapa de autosustento y pasar a una fase de comercialización directa para poder obtener un beneficio y un desarrollo económico necesario.

«EL MTE rural está presente en 22  provincias» dice Trinidad quien asegura que «aunque existe una organización muy fuerte y con tendencia creciente hacia la producción orgánica, no es fácil producir agroecologicamente  con los campos vecinos que llevan adelante otro esquema de producción y se hace difícil a la hora de comercializar, lograr un precio diferenciado. Cuando uno vende un producto de mayor calidad debe tener un precio especial. También el clima juega un rol importante. No es lo mismo producir en SMA donde hay condiciones mas favorables para la producción orgánica debido a la menor incidencia de plagas, que en otros lugares como en La Plata, donde la alta temperatura y humedad en espacios bajo cubierta predisponen a otro ambiente.», concluye.

Trinidad coordina el vivero y huerta Katari que retomó su funcionamiento y cuenta con 14 personas que se rotan para la atención y las actividades dentro del lugar. El vivero se encuentra en Sarmiento 340.
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