Por Stella M. Lamela

Emma Reyes fue una artista plástica y escritora de origen colombiano, nacida en 1919 en Bogotá. Dada su condición de “hija ilegítima”, fue abandonada de pequeña, por lo que vivió en un internado de religiosas. Aprendió a leer y a escribir siendo mayor de edad. Tuvo la valentía de recorrer Latinoamérica, en los años 40´, dibujar y escribir sus colores, olores y pasiones. Pintó junto a Antonio Berni y Diego Rivera. Compartió reuniones en Europa con les mayores representantes del arte parisino, surealisas y futuristas de posguerra.

¿Por qué no la conocimos? Por un lado, porque Emma prefirió que sus textos quedasen guardados hasta diez años después de su muerte. Pero, fundamentalmente, porque las mujeres artistas de muchas épocas no fueron nombradas en la historia. Emma fue una de las tantas artistas silenciadas por ser mujer.
Les propongo conocerla a través de sus palabras, de su especial humor en una mirada tiernay reparadora en torno a una infancia de abandono y pesares.

Memoria por correspondencia de Emma Reyes es un libro publicado en 2012 por Germán Arciniegas, historiador y amigo de Emma. Germán recibió, alentó su escritura y guardó las veintitrés cartas que ella le envió desde 1969 hasta 1997. Diez años después de la muerte de Emma, tal como se le había prometido, concretó su publicación.
Este conmovedor libro que podemos encontrar en nuestras Bibliotecas Populares y en la web, cuenta -en su última edición- con un prólogo de Leila Guerriero (escritora argentina de quien les hablaré en una próxima columna, ya que amerita un capítulo aparte. Presenta además un Apéndice con una nota de Germán Arciniegas en la que recupera la historia de las mujeres latinoamericanas. Finalmente, la edición consigna otra nota especial de Diego Garzón, periodista y escritor, quien luego de conocer el libro en 2012, investigó diversas fuentes y obtuvo documentos y datos de la vida de esta desconocida artista de su país. En su nota nos da a conocer los detalles de viajes, pérdidas y encuentros que vivió Emma, los que completan y contextualizan su relato autobiográfico.
En las cartas escritas durante casi tres décadas, Emma Reyes recuerda pasajes de su infancia previos al internado, antes de cumplir cinco años. En ellos rememora su condición de “bastarda”, pero su percepción de niña pequeña no parece evidenciar esta situación de injusticia, lo que hace que el relato nos resulte enternecedor y que finalicemos algunas de las cartas con una sonrisa.

“Apenas llegábamos, Betzabé jabonaba la ropa y la tendía sobre el pasto para despercudirla al sol, luego nos íbamos a recoger leña y a coger frutas; de regreso prendíamos el fuego y poníamos la olla con las papas y las mazorcas. Mientras se hacía la sopa, Betzabé juagaba la ropa, yo soplaba el fuego y cuidaba la olla. Cuando terminaba de extender la ropa, nos desvestíamos, ella se ponía un chingue, a mí me dejaba desnuda, me tomaba en los brazos y nos metíamos al río. ¡Qué felicidad! Yo hubiera querido que esos baños no terminaran nunca.”
“De pronto vimos aparecer por detrás de la iglesia un monstruo negro terrible que
avanzaba hacia el centro de la plaza. Los ojos enormes y abiertos eran de un color amarillento y tenían tanta luz que iluminaban la mitad de la plaza. La gente se tiró al suelo de rodillas y empezaron a rezar y a echarse bendiciones; una mujer que tenía dos niños chiquitos los tiró al suelo y se acostó sobre ellos cubriéndolos como hacen las gallinas con los huevos. Unos hombres avanzaron hacia la plaza con unos grandes palos en la mano. El animal se detuvo en la mitad de la plaza y cerró los ojos. Era el primer automóvil que llegaba a Guateque.”

Relata los años en los que, con su hermana Helena, vivió en un convento de clausura:
“-Ese es otro problema, Carmelita. ¿En qué las vamos a ocupar si son todavía tan chiquitas…? Tal vez podríamos empezar por meterlas a la cocina para que ayuden a la limpieza y a cargar el agua, además en la cocina las pueden cuidar.
Mientras ellas discutían, Helena y yo no quitábamos los ojos de la señorita Carmelita, nunca habíamos visto una persona tan gorda. Piensa en la persona
más gorda que hayas visto y dóblala por cuatro más”

Y finalmente, su vida encuentra literalmente una llave mundo: “Cuando llegó la comunión nos levantamos como de costumbre al mismo tiempo, volvimos y nos instalamos como siempre con la cara en las manos para poder hablar con Dios. Yo no hablé con Dios ni con María, solo le dije a San Cristóbal que me llevara en su hombro. Levanté la cabeza, alargué el brazo detrás de sor Teofilita y muy lentamente, con la mano toda abierta, cogí las llaves, apretándolas fuerte para que no hicieran ruido.”


Sus palabras y sus pinturas poseen la potencia del dolor, la belleza del color y las formas como fuerzas creativas en movimiento.
Emma escribió que sus pinturas eran “gritos sin corriente de aire. Mis monstruos salen de la mano y son hombres y dioses o animales o mitad de todo. Luis Caballero dice que yo no pinto mis cuadros: que los escribo.” (Carta a Antonio Montaña, citada en el diario digital colombiano El Espectador, nota de Camilo Otero, 28-09-2015, disponible en: https://www.elespectador.com/noticias/cultura/travesia-de-emma-reyes-articulo-589270)

Escribiendo sus cuadros y pintando sus palabras, Emma Reyes nos presenta en su obra, la maravillosa simplicidad de la memoria infantil narrando desde una cálida ingenuidad su historia, que es también la historia silenciada de millones de mujeres latinoamericanas, condenadas a la exclusión, al hambre y la “deshonra” que impulsaban la oligarquía y la Iglesia para el “libre ejercicio” de la impunidad en el abuso patriarcal. Memoria por correspondencia, de Emma Reyes, 2012 En https://lectulandia.eu/book/memoria-por-correspondencia
y en nuestras Bibliotecas Populares, finalizado el aislamiento.

Stella es maestra, bibliotecaria y profe de literatura: «Lectora y estudiosa, casi casi «ñoña».  Sí!!!me gusta leer y estudiar. Quizás lo que me gusta es incursionar un poco más allá de la apariencia de la primera frase, de la primera impresión, que a veces no da cuenta de ciertas profundidades más desafientes, sin duda, que la superficie. Los libros me atrapan por sus historia, la gran aventura humana, las pasiones y las tragedias, todos esos otros mundos que no vamos a vivir pero que tenemos a la vuelta, en un estante, en el estante de la casa de amigues, en la web o en las bibliotecas populares de San Martín de los Andes. Quizás algunos de los que comentemos en este espacio, también les interesen a ustedes y podamos intercambiar ideas (siempre provisorias) sobre ellos.«

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