La comunidad educativa de la escuela N°48 de Lago Hermoso envió una nota al Concejo Provincial de Educación para denunciar las condiciones graves en la que se encuentra, las aulas trailers sufren grandes filtraciones, no poseen agua corriente por que la vertiente está congelada, ni cuentan con calefaccion segura. Hace 8 meses se declaró la emergencia educativa en nuestra ciudad, a raíz de la falta de mantenimiento de infraestructura de las escuelas, tambien profundizado en la pandemia y donde hasta el dia hoy no se han podido llevar adelante las acciones concretas y es por ello que se supenden las clases y exigen que se accione urgente.

La nota esta dirigida a Silvia Otero, Supervisora Escolar de SMA con fecha del 2 de julio del 2021.

        Nos dirigimos a usted a fin de informarle la suspensión de clases en la Escuela 48 de Lago Hermoso en el día de la fecha. Lo que nos lleva a tomar esta determinación es la falta de agua corriente ya que la vertiente está congelada y no contamos con una respuesta a tiempo para que lleven un camión de agua.

Nos limita en consumo, pero, y sobre todo en este contexto, en la higienización de los espacios. 
Esta deficiencia, se suma a otros factores que hacen que no estén dadas las condiciones edilicias y de seguridad mínimas para no poner en riesgo a toda la comunidad educativa.

Porque estas “irregularidades” se repiten cotidianamente en nuestra escuela, y muchas se deben a la falta de mantenimiento e infraestructura del edificio: funcionamos en una ex vivienda institucional y contamos con tres trailers que ofician de aulas y una biblioteca.

Si bien, día a día priorizamos la educación de nuestros alumnos y alumnas, el límite está cuando lo que se pone en riesgo es la vida de quienes estamos ahí. En la actualidad, los trailers tienen problemas de filtración de agua, que cae como cascada sobre las paredes de las “aulas”, y, como si esto fuera poco, tienen conexiones eléctricas deficientes y un motor que les da energía que no funciona bien desde febrero, dos factores que juntos multiplican el riesgo. Sumado a esto, la falta de calefacción segura y que alcance en esos espacios termina por inhabilitarlos en toda esta época del año. Ya de por si, esto es malo, peor en un contexto de distanciamiento social por el COVID 19 que afecta a la población mundial. Ni hablar del frío. 

Tuvimos que dividirnos en burbujas, siendo una escuela que podría sostener el dictado de clases normales, por la matrícula que posee. Y así y todo, los espacios se reducen cada vez más, estando en lugares más pequeños,como la biblioteca (un espacio que no llega a ser de 3×3) o reutilizando como aula el único espacio que tenemos común, que funcionaba de comedor y lugar con techo en el que se hacía Educación Física (tampoco un espacio adecuado, ya que es de 5×6). 


Si seguimos contando, hace unos meses tuvimos problemas de ratas, teniendo que suspender también las clases por un par de días. Más allá de la desratización que se hizo en el momento, los arreglos al edificio para que no puedan entrar, ejemplo el tapar los agujeros, no se llevó a cabo aún, esto hace que ya la semana pasada hayamos encontrado en las trampas ratas de nuevo, y que la invasión sea algo inminente.

Si bien, se hizo el pedido donde corresponde, no hay respuesta aún, preocupándonos sobremanera, que en el receso por 35 días va a estar deshabitado. 


Nos apena pensar, que lo único que sostiene la educación en este contexto es la voluntad de las familias, estudiantes, docentes y auxiliares. Ya que en todo lo que respecta a lo edilicio y de seguridad tenemos fallas por demás graves, todas responsabilidades estatales. No hay año, ni siquiera hay mes, en el que no suceda algo que afecte el buen funcionamiento del establecimiento. Y esto se debe al abandono constante y a la falta de inversión.

Nuestra escuela, por mala suerte (mejor dicho, por malas acciones), es un ejemplo de las políticas parches de nuestra provincia. Muchas veces se planificaron ampliaciones edilicias, ninguna se llevó a cabo. Muchas veces tuvimos problemas con los motores, con los caños, con las instalaciones viejas, con los agujeros y con las ratas. Se emparcha, no se cambia, no se arregla, no se soluciona. 


Lo que pasó en la escuela 144 es todo lo que no puede volver a suceder. No queremos correr riesgos, queremos dar clases. La desidia estatal llega al límite en el momento en que no solo juega con no garantizar el derecho a la educación, derecho básico, cómo describe la UNESCO: “Al igual que los demás derechos humanos, el derecho a la educación impone a los Estados tres niveles de obligación: respetar, proteger y cumplir el derecho a la educación”; sino que, en el abandono, pone en riesgo a todos quienes son parte de la escuela.

  No queremos escuelas que nos pongan en peligro, no queremos escuelas bombas, no queremos escuelas inhabilitadas. Queremos escuelas dignas para educaciones dignas. Queremos escuelas en las que no se pongan en riesgo nuestras vidas, escuelas que sean prioridad de gobiernos. 


Ni el trailer que chorrea agua, ni la luz que funciona de a ratos, ni el motor que funciona y chispea, ni los caños que no dan agua, ni las ratas, ni el frío. Queremos escuelas seguras.
Esperamos prontas resoluciones, porque lo que más queremos es volver a la cotidianeidad de la escuela. Pero debe ser de manera segura, no vamos a poner en riesgo a ningún niño ni niña, no nos vamos a poner en riesgo. El límite es cuando la vida está en peligro.

 Sin más, firmamos familiares, auxiliares y docentes.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here