Siempre se lo recuerda en la fecha de su muerte, o en el día de La Bandera. Podemos verlo en su monumento en plaza de Mayo, muy castrense, a caballo, con espada y una armadura, como si el principal aporte a nuestra patria hubiese sido matar enemigos y no ser el principal ideólogo, junto a su primo Castelli, del 25 de Myo. Su grandeza estuvo relacionada con sus ideas, pero la historia oficial lo congelo como militar, lo conocemos como el GENERAL BELGRANO,  o sino, simplemente como el creador de la bandera.

Fue Abogado de Profesión, economista y educador. Su padre fue un inmigrante Genovés que hizo fortuna con el comercio, más que nada, marítimo. Al llegar al Rio de Plata se desarrolla y progresa dentro del sistema del monopolio mercantil. Integraba el núcleo de comerciantes de la ciudad, pero también puede decirse que era un contrabandista, porque en Buenos Aires los comerciantes se enriquecían con el contrabando. En algún momento lo acusan de ser cómplice en la quiebra del Administrador de Aduanas, lo detienen y le secuestran todos sus bienes.

Manuel nació en una familia de excelente posición económica y social, que procuro para él la mejor formación de la época. El joven Manuel estudio en el Colegio San Carlos, en Olivos, donde obtuvo el título de Licenciado en Filosofía. Después su padre lo envió a España. En una de las paredes de la Universidad de Salamanca figura su nombre entre los alumnos más destacados  que hayan pasado por sus aulas, donde obtuvo medalla de oro al mejor estudiante de la Universidad.

Allí recogerá el joven Manuel, la educación europea de la época y mientras está estudiando se produce la revolución francesa y los principios europeos de la ilustración, libertad, igualdad y fraternidad tendrán gran impacto en el mundo de las ideas.

Encontramos un dato muy interesante y poco divulgado. Por sus excelentes calificaciones o por algún otro motivo que se desconoce, obtiene un beneficio extraordinario, destinado solamente a los iniciados, nos referimos a un permiso papal que le permitía tener acceso a libros que estaban prohibidos para el resto de la gente común. El permiso decía que podía “leer y retener todos y cualesquiera libros de autores condenados y aun herejes, de cualquier manera que estuvieran prohibidos, custodiando sin embargo que no pasen a manos de otros.”

Nos imaginamos al joven Manuel, a la luz de las velas, leyendo estos manuscritos ocultos llenos de conocimiento y misterio, y lo envidiamos rotundamente.

Leía a los autores en sus idiomas originales, en francés, italiano e inglés.

Cuando se recibe vive un tiempo en Madrid, bajo el reinado de Carlos IV, y volverá al país con el cargo de Secretario del Consulado, una función reservada para los españoles de nacimiento, por el que tenía a su cargo el control del comercio monopólico entre la metrópoli y su colonia rioplatense. Era una posición como para hacerse rico, no tanto por su salario, sino por la posibilidad de lucrar por izquierda, con las habituales violaciones a las reglas comerciales. Esto es digno de destacar porque cuando Belgrano se incorpora al hecho revolucionario, abandono´ una posición de privilegio.

Entro en la revolución rico y termino en la miseria.

Es más, desde el Consulado, Belgrano vulnera los intereses de los comerciantes monopolistas que habían estado relacionados con su padre, luchando contra el monopolio mercantil que lo había hecho rico. Pueden encontrarse documentos escritos por Belgrano donde elabora una fuerte crítica a las personas que lo rodean en su cargo, nombrados por el Rey, tratándose las mismas de familias que luego se van a transformar de comerciantes en terratenientes y que van a tratar de frenar todos los impulsos innovadores de Belgrano que están expresados en aquellos maravillosos informes al Consulado, que son obras maestras de la economía y de la educación.

Esto nos da lugar para analizar un poco al Belgrano economista, con sus notables y avanzadas ideas. Ideas que en realidad venían de las teorías fisiócratas, de los italianos como Filanghieri y franceses como Quesnay, las cuales procuraban una sociedad mejor, organizada en torno a la agricultura. Estas ideas iban a significar un cambio muy importante en una sociedad de economía tan primaria como lo era el Rio de la Plata. Muy agrícola, lo que la hacía especialmente adecuada para las teorías fisiócratas, por eso Belgrano adhiere firmemente a los principios fisiocraticos que sostenían el apoyo a las producciones agrarias.

Resulta muy claro que el rol de Manuel Belgrano en una revolución debería ser un rol intelectual, con sus avanzadas ideas, su amor por el estudio y el contacto desde siempre con las más revolucionarias teorías europeas. Por ende es inevitable hacerse una pregunta clave: ¿Por qué semejante figura intelectual como Belgrano termino como jefe de ejércitos? Lo lógico hubiera sido que se quedase como el ideólogo de la revolución, que lo fue junto a su primo Castelli, otro Abogado y pensador a quien también mandan a conducir otro ejército, mientras en Buenos Aires se queda Mariano Moreno, demasiado solo, demasiado apasionado y con poca experiencia para pensar y sostener la revolución.

Manuel era el gran cuadro potencial de la revolución, y el tipo que hubiera podido conducirla sin duda. Contaba con virtudes únicas y destacables, como su experiencia de gobierno y un bagaje teórico impresionante, una persona que tenía vocación de estadista más que de militar. Analicemos por ejemplo estas palabras que escribía en un artículo del Correo de Comercio, “la importación de mercancías que impiden el consumo de las del país, o perjudican el proceso de sus manufacturas y de su cultivo, llevan tras de sí necesariamente, la ruina de la nación.”

Participo de importantes misiones diplomáticas, para conseguir la aprobación de las potencias europeas para la declaración de nuestra independencia. En Europa se estaba produciendo la decadencia de Napoleón y la derrota de los ideales de la Revolución Francesa. Los Reyes estaban volviendo a sus tronos y no había ambiente para independencias.

Pero la dificultad siempre fue Gran Bretaña. Nada podía suceder en estos pagos que no tuviera la aprobación de Inglaterra, y las potencias conservadoras de Europa no estaban dispuestas a avalar las revoluciones latinoamericanas, a las que veían como una continuación de la Revolución Francesa contra la que habían combatido.

En busca del Rey Inca.

No podemos dejar de lado el proyecto monárquico impulsado por Belgrano, ocultado durante décadas por la educación patriótica, al intentar considerar a Belgrano como un Republicano impoluto. Se trató de alternativas lógicas, en la búsqueda de preservar derechos civiles adquiridos y los principios de igualdad consagrados en la Asamblea de año 13, aunque fuera bajo un sistema de gobierno monárquico.

El planteo no era de ninguna manera la monarquía absolutista, sino una monarquía representativa, parlamentaria, que desde hacía un siglo y medio funcionaba en Inglaterra y en Francia se había empezado a ensayar, ese fue el modelo propuesto por Belgrano al Congreso, pero con una visión muy original, con un rey inca. Idea ridiculizada por muchos, como el Diputado porteño Anchorena, que haciendo gala de su racismo, pregunto” ¿Cómo vamos a aceptar un Rey que anda en ojotas?”

La cosa es que Belgrano le escribe una carta a Manuel Padilla, el marido de Juana Azurduy, y cuando le cuenta que el Congreso de Tucumán está tratando el tema de la Soberania, le dice textualmente sobre el intento” de restablecer la Monarquía de los Antiguos Incas, destronados con la más horrenda injusticia por los españoles. Se han tenido sesiones al respecto, y espero tener la gloria de contribuir por mi  parte a tan sagrado designio”.

Hay que reivindicar la astucia política de Belgrano, que buscaba la alianza con las provincias Altoperuanas, numerosas y decisivas en aquella época, necesarias para inclinar la balanza hacia quienes querían declarar la independencia.

Vale decir que es apoyado en esta propuesta por Güemes y San Martin. No es un delirio. Pero claro, les faltaba el Inca para designarlo rey, porque solo quedaba uno que hacía muchos años estaba preso en Paris, desde la Revolución de Tupac Amaru.

Belgrano y San Martin.

Cuando San Martin asume el mando del Ejercito del Norte que le entrega Manuel Belgrano, (se llamaba ejercito Auxiliar del Perú) advierte que el joven Manuel era muy buena persona pero no buen militar. Vale decir que Belgrano le cede el mando a don José, y en vez de irse enojado pasa a ser su subordinado, en una actitud extraordinaria

Es muy fascinante la correspondencia entre Belgrano y San Martin. Belgrano siente una gran admiración por San Martin y en sus cartas le confiesa que él no ha elegido la carrera militar, es más, llega a decirle que la aborrece. San Martin escribe a Buenos Aires, donde se refiere a él diciendo “es lo mejor que tenemos en Sudamérica”, pero se trata de un elogio a sus condiciones humanas, no a su capacidad como jefe militar.

Cuando se le ordena a Belgrano volver a Buenos Aires para rendir cuentas, San Martin prefiere que se quede con él, para que sirva como colaborador en “un país cuya geografía y cuya gente no conoce”. Don Manuel tenia gran aceptación en Tucumán, la gente lo quería. En algún momento, según el historiador José Ignacio García Hamilton, don José llega a sentirse celoso, porque advierte que, aunque no era un militar de profesión con conocimiento de estrategia, Belgrano gozaba de gran prestigio en la sociedad, mientras que el, un profesional con experiencia europea, de grado elevado, no lograba tener ese nivel de valoración. Habrá que tener en cuenta que San Martin hablaba con marcado acento español, y un general peleando contra los españoles que hablaba como español no generaría mucha confianza.

Finalmente nos encontramos con un episodio que merece destacarse: nos referimos al que acontece cuando Bs.As. está siendo acosada por caudillos provinciales como  Francisco Ramirez y Estanislao Lopez, y su Gobernador Rondeau convoca a los dos ejércitos disponibles para que vengan a defenderlo. Eran los ejércitos del Norte, que conduce Belgrano y el Ejercito de Los Andes, al mando de San Martin. Los políticos porteños estaban mucho más preocupados por imponer su dominio en las provincias que por terminar la guerra por la Independencia.

Alli se produce la desobediencia sanmartiniana, quien se niega a formar parte de una guerra entre criollos. Contando con la complicidad de Belgrano, quien se da cuenta que si regresa el ejercito de Los Andes de Chile, es muy posible que se pierda la gesta independentista y le escribe a Rondeau convenciéndole que con sus 2500 hombres es suficiente. Es evidente que quiere salvar la campaña de Los Andes y le cuida las espaldas a San Martin. Aunque el precio de la desobediencia será muy alto. Para ambos.

Su peso en oro.

Hablaremos del famoso premio de 40.000 pesos oro que recibe Belgrano después de las batallas de Salta y Tucumán, un  premio personal que el destina a la construcción de escuelas. Se han construido algunas aparentemente pero en su gran mayoría no fueron terminadas y ese dinero fue apropiado ilegítimamente por los sucesivos gobiernos del Estado argentino.

Lo más importante es que Belgrano no solo dona esa plata, sino que arma el reglamento para las escuelas, un texto interesantísimo, del que vamos a trascribir algunos párrafos notables. Hay que imaginar a Don Manuel escribiéndolo en medio de la campaña militar.

Por ejemplo, en el artículo primero privilegia la buena retribución al maestro, estableciendo que “se destinen 500 pesos anuales para cada escuela de los que 400 serán para el pago de su salario y los 100 restantes para papel, pluma, tinta y libros para los niños de padres pobres que no tengan como costearlo”.

Elige don Manuel especialmente, regiones de enorme pobreza para colocar esas escuelas, idea que va a tomar después Sarmiento, y que le daría fama hasta el día de hoy.

Belgrano ¿era Mason?

Se cree que Manuel Belgrano era uno de los pocos personajes de la época de la revolución independentista, y de épocas mucho más recientes, que no estaba afiliado a ninguna logia masónica.

Cuando Belgrano es llamado a Buenos Aires para ser juzgado por sus derrotas, le escribe a don José de San Martin: “acuérdese usted siempre de que es un general cristiano, ocúpese usted de que en nada, ni aun en las conversaciones más triviales, se falte el respeto de cuanto diga nuestra religión”.

San Martin acepto la sugerencia, aunque era bastante incrédulo y anticlerical. Y Mason, ahí no hay dudas, pero hablaremos en otro artículo específico sobre el General San Martin y las logias masónicas.

Belgrano fue uno de los próceres mas católicos en una época muy “voltaireana”, cuando lo más progre era ser un agnóstico o un ateo, un crítico de la religión. Nos ilustra el historiador argentino Pacho O´Donnell que su religiosidad esta acentuada tácticamente en su campaña altoperuana porque debe equilibrar a Castelli, quien fue sumamente agresivo contra el clero católico porque, no sin razón, consideraba que la Iglesia Católica era aliada del poder hispánico.

Si bien esta religiosidad de don Manuel no implica de manera directa no estar involucrado en la masonería, ya que había obispos masones, y el cura Valentín Gómez era masón, la masonería implicaba ser anticlerical, luchar por la libertad de cultos, por la tolerancia.

Etapa final de su vida.

Los últimos tiempos de Don Manuel son de una gran tristeza porque necesita reclamar sueldos atrasados para encarar su viaje de Tucumán a Bs As. Como no le mandan esa plata, recurre a algunos amigos, quienes le prestan el dinero para volver, encarando ese largo viaje en un estado de salud muy complicado. Llega a Bs.As con paludismo, hemorroides, e hidropesía, que es una hinchazón general del cuerpo. Se supone que no debe decirse pero algunos de los síntomas que sufre son típicos de una sífilis.

El pobre Manuel estaba acosado por enfermedades. Y por la ingratitud, ya que en su último viaje, al pasar por Córdoba, le pide al Gobierno otros 2000 pesos a cuenta de lo que el Estado le debe. Tampoco hubo fondos disponibles para él.

En su testamento pide que una vez liquidadas sus deudas, los créditos que tiene a su favor por parte del Estado sean para su hija Manuela Mónica, que había nacido en Tucumán.

Podemos notar la diferencias con los políticos de hoy, millonarios sin pisar el barro, acá tenemos un hombre que solo pide sueldos atrasados después de trabajar años gratis, siendo su trabajo nada menos que poner el cuerpo y el alma para la creación de un país nuevo y libre.

Cuando muere, ni “La Gazeta”, que era el periódico oficial, ni el “Argos”, que se jactaba en su subtitulo de tener “cien ojos para ver la realidad”, vieron ni dieron cuenta de la muerte de Manuel Belgrano, para ellos no fue noticia. Solo el diario “El Despertador” dirigido por el padre Castañeda, se ocupó del hecho con estas palabras:” Es un deshonor a nuestro suelo, es una ingratitud que clama el cielo, el triste funeral, pobre y sombrío que se hizo en una iglesia junto al rio, al ciudadano ilustre General Manuel Belgrano.”

Que lo bajen a Belgrano del caballo y le quiten ese disfraz de militar que le han puesto. Por favor.

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