Por Malen Otaño*

El suicidio constituye una de las principales causas de muerte en la adolescencia, sobre todo a quienes trabajamos con adolescentes, nos ha sorprendido y alarmado el incremento de consultas por intento de suicidio. Estos pacientes no concurren espontáneamente al consultorio sino que son derivados por el hospital o los equipos en los colegios. Pero hablar de cifras, hacer una psicologización de la problemática tiende a lo universal y a la respuesta explicativa para todes, que deriva en un borramiento de la subjetividad. El psicoanálisis rescata al sujeto de ello para conquistar un saber singular a través del dispositivo analitico. 
El término adolescencia es una categoría construida socialmente, algunos prefieren usar el término jóvenes, para no reducir a la adolescencia a un momento de dolencias y sufrimientos, sino también a un momento de potencia creativa. Sin embargo, les jóvenes enfrentan un trabajo psíquico bastante fuerte, deben construir varias cosas que tenían por sentadas: su lugar en mundo, el lugar de sus padres, cuya autoridad ya es rechazada, su deseo diferente al de sus padres, madres o la persona encargada de su cuidado. Sus ideales comienzan a cambiar, deben hacer nuevas elecciones, construir una posición frente a la vida, es por ello que su temor por el futuro se manifiesta con mucha incertidumbre. Cada joven de manera singular asumirá una posición subjetiva y una invención singular para encontrar la salida a esa angustia.
Frente a este temor, a no saber como hacer con su cuerpo, con las relaciones, con su proyecto de vida, les jóvenes comienzan a preguntarse por el sentido de la vida y pueden encontrarse con dos situaciones. La primera, encontrar una manera de tejer todo lo nuevo, lo que quieren ser, como quieren ser, lo que el otro quiere para elles: por ejemplo, que aparezca algo, una pasión, un proyecto o una persona significativa, que lo acompañe en la construcción de su deseo y su invención singular.
La segunda, encontrar en el suicidio una salida a su angustia, pero aparecen tres situaciones: puede ser una ideación, esto es fantasear con su muerte, recrear su funeral y puede quedar solo en una idea; después puede pasar al intento lo que se denomina acting out , el cual puede llevar o no a una muerte no premeditada, un suicidio que, aunque concretado, no se esperaba como desenlace final. Cosa distinta sucede en el pasaje al acto, que frente a la imposibilidad de saber hacer con el lenguaje y consigo mismo y con el otro, se queda sin palabra y pasa al acto. Sí el síntoma es la invención singular del sujeto para soportar lo insoportable, se podría decir que el suicidio es una de las maneras como les jovenes responden frente a la angustia; el acto entonces se presenta como una forma de respuesta frente a lo imposible de soportar. 
En psicoanálisis suelen considerarse “patologías del acto” a las adicciones, anorexia-bulimia, fenómenos psicosomáticos, actings, pasajes al acto, como características de nuestra época y sus imperativos. Vivimos en una época dominada por lo que Spinoza llamaba las «pasiones tristes», no se refería a la tristeza de las lágrimas, sino a la impotencia y la descomposición. En efecto, constatamos que el neoliberalismo opera sobre el deseo y las maneras de vivir, bajo los imperativos de consumo, la ilusión de que la felicidad es posible si seguimos recetas, como en el caso de la autoayuda, imperativos de superación personal y voluntad. Pero todo lo contrario a lo que nos quiere hacer cree el capitalismo, lo que hace a un sujeto feliz no es la mismo para todes y tampoco es independiente de nuestro contexto.  
Una crisis individual está inmersa en una crisis social, económica y política compleja, habitamos un contexto donde las ilusiones se pierden, y en ese punto es difícil para les jóvenes de la región contemplar por ejemplo, la posibilidad de estudiar una carrera universitaria, de tener un trabajo o lograr independencia económica. Es un contexto que ataca las ilusiones, a través de los ideales de éxito, de triunfo, meritocracia y la desesperación por ser feliz, las oportunidades quedan sujetas al orden de lo individual y no a las políticas públicas que generen un horizonte más igual y más justo. 
El futuro sigue siendo, más que nunca, imprevisible. Imaginamos un país con condiciones y oportunidades para desplegar la potencialidad creativa y transformadora. Tal vez, algunas cosas podamos hacer: encontrar nuevos modelos que ayuden a la juventud a atravesar la adolescencia, inventar rituales apropiados para encontrar salidas que no sean autodestructivas o destructivas para los demás, debemos orientarnos a que les jóvenes puedan darle un valor a su decir, a través de sus palabras. El psicoanálisis viene a romper con la idea de que la felicidad es obligatoria. Es posible vivir sin desesperación, sin ajustarse a las normas y a los ideales culturales en pos de construir una forma singular y propia de estar en el mundo. En definitiva, un trabajo de descolonización del deseo, una apuesta a los vínculos sociales y a los afectos. 

*Malen Otaño, Psicoanalista cursa la Maestría en Psicoanálisis en la Universidad de Córdoba.
Ilustración: @xhxix

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