A 38 años del desembarco en Malvinas, los pueblos originarios siguen luchando por un reconocimiento y contra el exterminio cultural.

Cuando se habla de soberanía muchos enarbolan la bandera del patriotismo y pocos se preguntan si en la Guerra de Malvinas participaron integrantes de los pueblos originarios. Pocos miran para ese lado y los diarios de la época y los textos históricos resaltan la «extraordinaria labor» de los pilotos y del tremendo coraje de los «pibes» ante el poderío británico.

A 38 años del conflicto bélico entre Argentina y Gran Bretaña, el frío del territorio sigue acrecentando la herida de los pueblos Mapuche, Qom, Wichí, Mocoví, Guaraní y otros tantos ignorados e invisibilizados por gran parte de la sociedad de este país. Muchos, han dejado su vida en las Islas Malvinas y otros tantos después de volver a sus lugares de residencia.

Si se profundizará un poco más encontraríamos muchos nombres de veteranos de guerra que están íntimamente ligados a los pueblos originarios. Comunidades que prevalecieron ante el avasallamiento no solo étnico sino también cultural, y que cuando los necesitó acudió a la sangre nativa de una tierra usurpada 200 años atrás. En los libros de historia siempre se reflejó la hidalguía y coraje de los soldados de San Martín, pero nunca se mencionaron a los 800 guaraníes que formaron parte de su ejército, y menos a los Mapuche-Pehuenche que ayudaron al gran general a cruzar los andes.

Los pueblos originarios, de lo que hoy se denomina Argentina, a lo largo de la historia han sido sistemáticamente invisibilizados, ocultados o criminalizados. Si centramos la mirada en Malvinas se podría decir que ha ocurrido lo mismo. Hallazgos antropológicos al sur de la Isla Soledad apoyan la tesis del avistamiento «sudamericano» del archipiélago.

Sólidos argumentos afirman la teoría que los posibles descubridores de las Islas Malvinas fueron los Yámanas o Yaganes, quienes habitaron en la mitad sur de Tierra del Fuego. Según las investigaciones antropológicas, restos de un guará (el perro-zorro o perro yagán), una canoa construida con tronco de un árbol desconocido en las islas, y una punta de flecha, consolidan la idea de que ese pueblo fue el primero en pisar territorio isleño.

Yámanas o Yaganes, habitaron Tierra del j u junto a los Selk’nam

La historia oficial cuenta que el 26 de agosto de 1833, el gaucho Antonio Rivero recuperó la «soberanía» en Malvinas, junto a él un grupo de Charrúas (pueblo originario del Uruguay). Pasaron 150 años para enarbolar la bandera argentina en las islas, Corrientes y Chaco fueron las dos provincias que más combatientes enviaron a la guerra. Muchos de los reclutas apenas tenían 18 años de edad y sus raíces brotaban de la madre tierra. Sangre que fue derramada en batalla, ocultada y silenciada como en otras de ejércitos argentinos.

Culturas originarias pisoteadas y solamente utilizadas como marketing folklórico o para cuando se necesitó carne para el cañón. A esto deberíamos mencionar que el Estado Argentino se consolidó con un genocidio tremendo de los habitantes originarios de la Patagonia.

Las llamas de un incendio en una casona abandonada inmortalizaron a Simón Antieco, mapuche de Costa de Lepá, quién cayó junto a otros jóvenes soldados en Malvinas. Oscar Millapí, Isaías Quilahueque, Patricio Guanca, José Curima también mapuche, murieron en la guerra. El síndrome post traumático se llevó a Agustín Caniullan y a Juan Loncopan.

Simón Antieco, primer Mapuche caído en Malvinas.

Este no es un 2 de abril más, hoy vienen a la memoria cientos de nombres que participaron de la guerra de Malvinas y que su origen está o estaba en los pueblos Mapuche, Qom, Wichí, Guaraní, Toba y otros tantos. Pueblos que aún siguen peleando para no quedar en el olvido.

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