A raíz de las iniciativas presentadas en los últimos días para avanzar sobre el uso de lenguaje inclusivo en instituciones estatales, desde El Tábano Digital nos preguntamos si estas medidas ayudarán a deconstruir prácticas culturales que nos obligan a nombrar y pensar en términos binaries. ¿Cuál es la importancia de incorporar una nueva construcción gramatical? ¿Por qué el lenguaje inclusivo es resistido en lugar de pensarlo como una práctica emancipatoria?

Para repensarnos, invitamos a Carolina López, profesora de Lengua y Literatura y docente de la misma carrera en el ISFD de Gramática I.

ETD: ¿Qué importancia tiene profundizar en las prácticas de lenguaje inclusivo como una forma de empezar a deconstruir la cultura patriarcal?

CL.: Pienso en el uso del lenguaje inclusivo como una más de las formas para deconstruir la cultura patriarcal. El lenguaje es donde se plasman las realidades (sociales, culturales, etc)  y a la vez, es lo que da entidad al mundo circundante. La experiencia esta mediada por lenguaje. Es difícil pensar en la existencia de algo que no se nombre. Buscamos palabras para explicar eventos, objetos, ideas nuevas…
Buscar la manera de visibilizar otros géneros que escapen a lo binario es, sencillamente, justo.
El género en nuestra lengua no es una regla divina ni viene dado como una verdad absoluta e inamovible. Como decía anteriormente, el lenguaje describe al mundo y al orden imperante en este. Nada más funcional al patriarcado que un genérico masculino que borre lo femenino y lo disidente/ diverso.

ETD.: ¿x o e? ¿Cuál es la diferencia?

CL.: En esta etapa del lenguaje inclusivo, la única diferencia está en la posibilidad de articular el sonido x/ e, o no. La utilización de la “x” no presenta problemas en lo escrito ya que reemplaza únicamente la vocal que marca la flexión de género (a – o) y no produce modificaciones en la ortografía de la palabra, por ejemplo: chicos > chicxs; amigas > amigxs, mientras que el uso de la “e” si supone ajustes ortográficos para mantener “el sonido” de la palabra:  chicos > chiques; amigas > amigues. Con lo cual, la mejor opción para la oralidad sería la “e”, mientras que para la escritura, ambas opciones son viables.
En algún momento, pienso, se va a generar un consenso en relación con el uso de una de las dos. Por lo anteriormente dicho, podríamos pensar que la “e” es la que tiene más posibilidades.

ETD.:¿Qué implica deconstruir una gramática impuesta por la RAE o las instituciones que avalan determinados criterios?

CL.:¡Es de mis preguntas favoritas! La RAE puede opinar, al igual que todxs podemos. Las instituciones de la lengua pueden legislar, emitir normas y prohibiciones, pero la lengua es de lxs hablantes. Es nuestra. Y en este caso, somos muchxs lxs que decidimos que es momento de visibilizar a más del 50% de la humanidad. 
Tenemos antecedentes no muy lejanos de modificaciones que la RAE tuvo que hacer por la “presión” pública: el caso de  “Presidenta” es uno. Después de artículos y notas explicando por qué el participio presente no puede flexionarse en género (ah… pero sí sirvienta), terminaron por aceptarlo. Ocurrió también con algunas definiciones que resultaban completamente ofensivas –pero a nadie en la institución parecía molestarle-.Con el lenguaje inclusivo, pienso, va a ocurrir lo mismo: después de patalear un tiempo, van a tener que registrar en sus diccionarios y en sus gramáticas el uso de la “e” inclusiva (neutra/ genérica o como sea que la llamen).
El cambio lingüístico es una realidad. Si no existiera, estaríamos hablando latín. Y desde ese tiempo hasta ahora han ocurrido infinidad de cambios en distintos niveles: el fonológico, el semántico, el sintáctico y el morfológico.

ETD.: ¿Cómo se pueden incluir este ejercicio de escribir y hablar con lenguaje inclusivo en las escuelas, los trabajos, los lugares académicos e instituciones en general?

CL.:Está ocurriendo. Creo que este es el momento para quitar las prohibiciones y dejar que el lenguaje inclusivo avance naturalmente. Ya ocurrió en varias facultades de algunas Universidades Nacionales, en escuelas medias, en instituciones (en el ISDF N°3 de San Martín de los Andes, por ejemplo, el lenguaje inclusivo se utiliza para las comunicaciones oficiales y nosotrxs, lxs docentes, tenemos la libertad de utilizarlo o  no.). Tenemos en la actualidad el caso del PAMI donde optaron por no usar la e o x sino utilizar un lenguaje que no marque el género en lugar de ‘adultos mayores’ se diga ‘personas mayores’. La Pcia de Buenos Aires (se presentó un proyecto de ley para utilizar el lenguaje inclusivo en todas las dependencias estatales). Claro que todavía hay mucha resistencia, pero será hasta que las personas que no apoyan el uso del lenguaje inclusivo entiendan que no están obligadas a usarlo, que no es una imposición, pero que hay una sociedad que si apoya su uso y que cree que, también, en el nivel simbólico del lenguaje, la inclusión y visibilización de otrxs es tarea de todxs.

ETD.:¿Cómo evaluás las iniciativas que mencionabas en PAMI o la legislatura bonaerense?

CL.:Me parece que es una buena forma de aunar criterios (x o e, por ejemplo) y de explicar cómo se aplica. Podría ser útil para quienes no están familiarizados con su uso y creen que el lenguaje inclusivo es “le mer estebe serene”. Estuve buscando en internet el cuadernillo, pero no lo encontré –tal vez no esté publicado aún-. De todas maneras, hay una cantidad considerable de videos y manuales: https://linguaultrafinitio.files.wordpress.com/2016/04/pequec3b1o-manifiesto-sobre-el-gc3a9nero-neutro-en-castellano.pdf este por ejemplo aclara y describe el fenómeno que nos convoca.

«Yo pienso que hay una crisis de las palabras. Estamos viendo que se le ha puesto una camisa de fuerza a la pluralidad de expresiones. Esa forma de nombrar se ha vuelto una camisa de fuerza rígida que no te permite pensar»
Silvia Rivera Cusicanqui

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