POR: Marcelo E. Novoa – Maestro de Grado a cargo de la Dirección de la escuela N° 146 «Kimtuin Kom Peñi Huen» Paraje Trompul – Bandurrias

La escuela nro 146 «Kimtuin Kom Peñi Huen», se encuentra en el paraje Trompul Bandurrias, lof Curruhuinca, y como todas las instituciones educativas del país, está cerrada desde el 20 de marzo,  nuestro período lectivo es marzo-diciembre, por lo que solamente hubieron dos semanas de clases.

Ahora nos hallamos en el receso invernal, como las escuelas urbanas, un período distinto, como todo lo acontecido en estos casi 4 meses.

La inesperada pandemia nos obligó a parar de golpe todo, de un día para otro, la decisión preventiva del aislamiento social, nos intervino de lleno en nuestra cotidianidad laboral y escolar.

Todo lo proyectado hasta el momento quedó en pausa, y aún continúa.

Nuestra matrícula escolar es de 39 estudiantes, 7 del Nivel Inicial, sala múltiple; y 32 del Nivel Primario, tres maestros/tras de grado, a cargo de cada ciclo, nuestro trabajo  pedagógico es con plurigrados, siendo quien relata, uno de los docentes, responsable también de la dirección del establecimiento. Una maestra de sala y una preceptora a cargo de les «pichikeches» (niños/ñas) de Jardín.

4 maestras curriculares ( Técnica Agroecológica-Plástica-Educación Física-Música, las tres primeras, cargos compartidos con la escuela de Meliquina) y la maestra de Lengua y Cultura Mapuche «kimeltufe».

La escuela pertenece como dije al comienzo, al lof Curruhuinca, por lo tanto es una escuela llamada «intercultural», la cultura mapuche es el eje principal, que atraviesa toda la pedagogía propuesta.

Este parate nos puso a todo el equipo docente en el desafío de ver las maneras de mantener el vínculo pedagógico, a la distancia. Qué desafío, cuánta incertidumbre y limitaciones para ello.

¿ Dar clases?¿ Tarea? ¿ Qué tipo, cómo?…Y nuestra desorientación, también observada en las órbitas de más arriba, con cierto letargo, llegando con escuetas resoluciones administrativas, no inhibiendo el organizarnos, primero desde el equipo de la escuela misma, luego desde las 8 escuelas rurales del Distrito Escolar IX, vía grupo de WhatsApp, a través de reuniones virtuales vía Zoom, con el supervisor escolar de Primaria, quién asumió de oficio este rol, pues el que nos corresponde aún no se ha designado.

Al comienzo, no teníamos muy en claro qué estrategia utilizar para llegar a cada estudiante, así que armamos un kit de elementos para ello, desde mostacillas, libros, hojas, consignas simples de trabajos, y recorrer casa por casa, ruca por ruca, entregándolos.

Luego vendría el diseño de «tareas» mediante grupos de WhatsApp de Familias de cada ciclo, y sala. Iinfructuoso por cierto, para la mayoría de las familias, ante la falta de conectividad, de recursos tecnológicos ( celular con memoria insuficiente, por ejemplo), o materiales ( falta de crédito en los celulares, o un solo móvil en la familia, usado por mayores).

Se visibilizaría aquí nuevamente la desigualdad social que se profundizó con esta pandemia, y la escuela siendo involuntariamente favorecedora de esa inequidad.

Situación intervenida para disminuir esa brecha con la elaboración de nuestros propios cuadernillos con consignas, pues desde Nación llegó y llega material para la ruralidad, pensados «centralmente», por técnicos en Buenos Aires, para niños y niñas urbanos/nas, perfil absolutamente diferente al de los y las de nuestras escuelas, incluso con miradas pedagógicas colonizadas, invisibilizando y/o  tergiversando la identidad de nuestras comunidades educativas.

Cada 10 días, más o menos, y gestionando transportes como se puede ( del Distrito, de algún integrante de la comisión directiva del lof, de cumpas del sindicato, o algún/na amiga también), recorremos cada familia de cada estudiante, con las medidas de precaución y prevención demandadas, llegando con materiales que pretenden sostener el vínculo pedagógico, como decimos los y las docentes, que les pichikeches esperen la pronta llegada de la escuela, el pronto reencuentro con el hecho educativo, el verdadero que se da en las aulas.

Tratamos de hacer coincidir esta visita con la entrega de los módulos alimentarios, los que intentan pero no logran reemplazar el comedor escolar  y partidas presupuestarias suspendidas.

Ver cómo imprimimos dichos cuadernillos, porque los recursos materiales son escasos o ya han sido utilizados, otra odisea esta gestión, pedir turno al distrito para que sea allí la impresión, o con propias impresoras, u otra vez el gesto amigo y solidario de alguien, o sea, el bolsillo particular.

La comunidad en simultáneo se organizó para palear la ausencia institucional del alimento, organizando un comedor comunitario, el cuál funciona de lunes a viernes, cocinando entre 120 y 150 viandas, desde muy temprano por un grupo de madres, abuelas, tías y demás, que desde las 6 o 7 d ela mañana comienza con la masa de los panes que acompañarán el menú del día, el cuál no sólo es para los y las niñes, también para adultos mayores, o todo aquel peñi o lamngen con necesidades vitales, ante la falta de recursos y/o trabajo, desde la escuela se colabora, gestionando y estimulando la solidaridad y la colaboración de los y las vecinos/nos con materia prima, también cediendo nuestro invernadero aula, temporariamente suspendido, para cultivar verduras y que sea aprovechadas por las familias del paraje.

Se habla de la reinvención de la escuela, desde la Kimtuin Kom Peñi Huen creemos que más que reinvención, la escuela se resignifica y se transforma en un medio concreto para que cada familia ante estas circunstancias sanitarias se fortalezca, no pensamos en qué se pierde, todo lo contrario, sentimos lo que se gana con todo ello.

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