Desde apenas iniciada la cuarentena, las obreras textiles de la Cooperativa Traful Newen reconvirtieron su producción para ponerla al servicio a del sistema de salud pública y de la comunidad. En un contexto donde los empresarios especulan con la salud de los pueblos, en un marco de despidos, suspensiones y rebajas salariales, la gestión obrera incorporó trabajadores.

En dialogo con El Tábano Digital, Marina Catrilao, obrera textil y referente del parque industrial de Neuquén, nos cuenta por qué tomaron en asamblea la decisión de reconvertir su producción frente a la pandemia: “decidimos ponerla al servicio del sistema de salud y de la comunidad, esa comunidad que nos dio tanto durante los 10 meses y medio después de aquel 31 de enero del 2017 cuando la patronal de Neuquén Textil nos dejaba en la calle”. En su relato, las leonas (como fueron llamadas popularmente) jamás se olvidan de aquel difícil momento que marco sus vidas para siempre.

Marina Catrilao


El dato: Hoy la gestión obrera compuesta por 28 trabajadoras/es se encuentra produciendo cerca de 6000 barbijos por semana, además de camisolines, cofias y botas. Toda la ropa necesaria que necesitan las y los trabajadores de la salud que hoy están en «primera línea» (como ellas mismas definen)

Marina afirma “Nosotras como obreras textiles tenemos que decir que desde la gestión obrera se está haciendo totalmente lo contrario. A raíz del aumento de la producción hemos podido generar dos nuevas fuentes de trabajo. Incorporamos a Franco Vergara, ex delegado de la maderera MAM, y a Carmen Puel, quien fuera parte de la comisión de mujeres de la heroica lucha que llevaron adelante los compañeros madereros”.

Así también, Marina nos cuenta que mantuvieron charlas con especialistas de salud y tomaron la decisión de resguardar las obreras que integran la población de riesgo: “desde el primer día las compañeras de riesgo se fueron a su casa. Tenemos que decir que desde esta gestión obrera las compañeras que están en su casa cobran el mismo salario que las que estamos poniendo el cuerpo todos los días”.

Marina se posiciona de cara a la crisis sanitaria, económica y social sin dejar de lado la situación de las demás fabricas recuperadas: “tanto los gobiernos provinciales como nacionales se juegan a quebrar estas gestiones obreras porque sabemos que somos un claro ejemplo para toda la clase trabajadora de que fabrica que cierra se puede poner a producir bajo el control de sus trabajadores. Sabemos que los que más la vamos a sufrir y padecer somos los sectores pobres, los sectores populares y de trabajadores”. Sin embargo, Catrilao insiste: “Estamos convencidas de que somos las y los trabajadores los que podemos dar una verdadera salida a esta crisis”.

“Cuando los empresarios Huerta nos dejaban en la calle, las lágrimas se convirtieron en lucha, garra, resistencia y organización, y esto no va a ser algo diferente” expresa y continúa “convencidas que lo que estamos haciendo es para devolverle un poco de lo mucho que nos dio la comunidad a las obreras textiles y para que a los trabajadores de salud no les falte nada”.
Por último, Marina confiesa que más allá del miedo que les produce la pandemia “estamos más que contentas a pesar de las dificultades por todo lo que hemos logrado y conseguido a casi 3 años de ser una gestión completamente de mujeres, jefas de familia y con hijos”.

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