Todo este contexto de doble pandemia, el virus y la desinformación, pone en evidencia lo obvio, un mundo desigual, colonial, con grandes fisuras dentro de este sistema perverso, neoliberal.


Ahora bien, ¿qué pasa con las mujeres en este escenario? ¿Que ocurre en el ámbito doméstico? ¿Cómo aparece y desaparece la sororidad?


Son tiempos de muchos interrogantes, no creo tener la respuesta a todos ellos, pero si hay algo que tenemos es tiempo para reflexionar, empezando por nuestras propias prácticas.


Una escena que se repite, la vecina que deja salir a jugar a la vereda a sus hijxs, “una inconsciente”, “se caga en todxs nosotrxs”, las primeras reacciones. Escraches en redes, comentarios sin filtros, juicios de valor hacia su maternidad.


Sin embargo ahí, donde todxs ven una mujer para el cachetazo, yo veo MUJERES:
Que crían solas; que viven en terrenos subdivididos, en condiciones de hacinamiento; que tienen miedo a no cobrar por no ir a trabajar durante la cuarentena; que están precarizadas; que sus hijos tienen que hacer tareas, y quizá necesite conexión a internet, o plata para fotocopias, o una computadora y no tengan; veo mujeres obligadas a entrar en el mundo de la digitalización forzada porque son los “tiempos que corren”, y en este contexto no hay particularidades que valgan; veo mujeres que viven en carpas, veo mujeres con Miedo a que vuelva su abusador; veo mujeres desorientadas porque no acceden a los flyers de las instituciones, ni a sus números de emergencia; veo mujeres en soledad.


Y aquí mi segundo interrogante: La Sororidad.

Si hay algo que me dejo el feminismo es estrategias colectivas solidarias, y en esta época siguen apareciendo, siguen las redes para inscribir a mujeres en la ayuda económica, para preocuparnos y ocuparnos por otra mujer en situación de calle con su hijo, aparecen las llamadas y mensajes a las mujeres que quedaron a medias con su trámite judicial por violencia, violencia de un ex, de su pareja actual o de su jefe, a quien se animo a denunciar después de 12 años de hostigamiento. Aparecen las compras colectivas para aquellas que no pueden salir, porque resulta que en el súper no le permiten entrar con sus hijxs, y no tiene a quien dejárselxs. Y como esto no es poco, y seguramente la lista sigue, es que debemos evitar la cacería de brujas, “yutearnos” entre nosotras, que si algo sabemos es de persecución y hostigamiento.


Estemos Alertas, Atentas, Comunicadas, presentes, escuchando y acompañando. No caigamos en el juego de la desinformación y la persecución entre nosotras. Es tiempo de ponernos creativas, de entender que el “quedate en tu casa” para muchas es un desgaste, una amenaza, que nuestras realidades son diversas. Porque aunque el mundo parezca paralizado, la violencia doméstica no frenó, los femicidios siguen y porque hay niñas que tienen que convivir con sus abusadores. Autocuidado y cuidado entre nosotras. Siempre!

Por Virginia Funes

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