Por Marcelo Impemba

El crecimiento del turismo en los últimos cincuenta años, se ha consolidado principalmente en tres pilares: un desarrollo hegemónico en el marco de un capitalismo sin fronteras, predominando lo económico por sobre cualquier otro análisis y, por último, generador de empleo, ingreso de divisas y el arribo de inversiones –en particular foráneas al destino-. Tres factores que colaborarían a mejorar la calidad de vida de la población residente, sin cuestionar alguno de estos supuestos, como el tipo y características del empleo, precarizado y temporal debido a una anticipada flexibilización laboral que se terminó de instalar en nuestro país a principios de los ´90. De la misma manera, no se analiza en profundidad la distribución de los cuantiosos ingresos que produce la actividad turística, ni las consecuencias de la fragmentación espacial entre sectores turísticos y no-turísticos en una misma ciudad o región, provocando fronteras de diferenciación social y económica.

Dentro de este esquema prima una mirada sobre el turista–consumidor, determinando las formas del turismo y la escenografía que se monta en los destinos, ocultando en muchos casos un paisaje contaminado o directamente poco “vendible”, como los barrios periféricos donde viven gran parte de los residentes. Todo está preparado para el turista, siendo la propia ciudad un objeto de consumo, modificable de acuerdo a los cambios generacionales o del buen gusto del visitante que la consume.

Esta lógica de desarrollo ha consolidado la cada vez más cuestionada masificación del turismo, emparentada con formas de extractivismo, ya que opera sobre la maximización de la rentabilidad de un paisaje convertido en recurso económico. Hoy en día una playa cotiza como cualquier commodity.

Como un efecto no deseado, la pandemia del COVID19 además de poner al planeta en una encrucijada globalizada, ha visibilizado un mundo desigual y expuso la crisis de un modelo de desarrollo, que ha promovido un supuesto progreso sin distribución, maquillado por una sustentabilidad sin justicia social. En esta paradoja, el turismo ha evidenciado su extrema fragilidad ante la pandemia. Son dos caminos que se cruzan, porque ambos se expanden justamente con el desplazamiento humano.

Podemos sostener que, la mundialización del COVID19 es la contracara del turismo masivo. Es difícil creer a esta altura, que ambos fenómenos puedan coexistir. Prueba de esto, la primera expansión del coronavirus a nivel mundial, y en el caso de Argentina en particular, se produjo con los viajeros nacionales que regresaron a su lugar de residencia, con la finalización de su estadía, después en forma precipitada ante el temor de lo que comenzó a llamarse directamente pandemia, y finalmente forzados por el cierre de fronteras. Algo que no había sucedido en esta actividad: turistas varados en el mundo, que se convirtió en un no lugar inseguro y expulsor de esos viajeros que tanto deseaba, negando la libre circulación de personas, es decir la base del turismo.

Quien hubiese imaginado que en lugar de pensar en la oferta de alojamiento o gastronómica, las excursiones y los diferentes servicios turísticos, en los destinos habría que evaluar la ocupación de camas de hospital o disponibilidad de respiradores, terapia intensiva y recursos humanos de la salud.

En un contexto por demás complejo e imprevisible, la provincia de Neuquén y su principal centro turístico San Martín de los Andes -cuando se escribe este artículo se plantea la posibilidad de circulación comunitaria y mayores restricciones-, se proyecta el inicio de la temporada turística, por etapas, pero de forma inevitable. Una decisión tomada de antemano que no permite el debate ni la vuelta atrás. Desde la afirmación del propio gobernador Gutiérrez quien aseguró que “no puede no haber temporada turística”, confirmada por el intendente de nuestra ciudad, quien aseguró que no se volverá atrás, ni en las fases o en las condiciones imperantes al inicio de la cuarentena en el mes de marzo. En definitiva, esta postura reforzada por las asociaciones y cámaras que agrupan a los diferentes prestadores, sostiene que se deberá aprender a convivir entre el negocio y la sanidad. Personas en situación de riesgo o simplemente que tengan miedo, se deberían quedar en sus casas, para dar la oportunidad a la gente que trabaja y debe trabajar, generando para usar una palabra de moda, una grieta en la sociedad entre los que están a favor o en contra de una apertura turística.

Como un avance de una película de alguna plataforma de streaming, en este caso en tiempo real, se puede observar que sucede en Europa, con toques de queda, bloqueos de ciudades y fronteras, cierre de comercios o instituciones educativas, las diversas formas de encierro y restricciones. La aceptación definitiva de líderes mundiales que tuvieron que volver atrás con sus dichos. Lo que se denomina segunda ola del coronavirus, en realidad es el resultado de la finalización de la temporada de verano del hemisferio norte, cuando se cruzaron los que se fueron y volvieron a sus casas, ciudades, países, en medio de un regreso a una supuesta vida “normal”.  Tenemos una ventaja y es la anticipación, merece por lo menos un análisis que supere la bipolaridad de lo económico o la salud. Requiere discutir en el caso de San Martín de los Andes, algunas afirmaciones, desde la llegada y circulación libre de turistas, como la apertura de fronteras entre otras, que ponen en riesgo a una población que reside todo el año y cuyas consecuencias se pueden reflejar en los meses posteriores.

No podemos descansar en la promesa de una vacuna inexistente aún, con una escasa probabilidad de su distribución masiva a lo largo del 2021. Tampoco en la instalación de módulos hospitalarios donde solo se realizarán testeos y consultas respiratorias, cuando en realidad habría que preguntarse por qué no se finalizó el nuevo hospital en la ciudad cabecera de toda la Zona Sanitaria Sur. Se debería evaluar los posibles escenarios, las condiciones materiales de la salud pública y privada para la población permanente y luego sumar a los no residentes y/o turistas, y que sucedería en el caso del colapso del sistema.

Hay que considerar que sucede con las actividades turísticas no protocolizadas, como la costa de un lago, un mirador o un sendero por el Parque. Es cada vez menor el porcentaje de turistas que utilizan los servicios de agencias de viajes para realizar excursiones. Y ante esta nueva situación, se recurre al nuevo slogan del “control individual”, ya que no se puede asegurar el social. No solo se retira el Estado de una de sus funciones: controlar, ante su imposibilidad material de asegurarlo, sino que también y reforzando un sentimiento del individualismo más concentrado del “sálvese quien pueda”, dejaría en manos de los propios turistas o residentes el autocontrol, y si esto no fuera posible lo definirá la “ley de la selva”. Se olvidan que un tapabocas no es solo para proteger a quien lo usa, y sí, por el contrario, es cuidar al otro, en una convivencia social que comienza a resquebrajarse y podría ser una de las consecuencias sociales de la pandemia.

¿Cuál es el protocolo ante el contagio de una familia de turistas, se los envía de regreso o se hace cargo la ciudad, como seguir los nexos de posibles contagios ante un recorrido que incluye empleados y propietarios de alojamientos, los más diversos comercios o locales gastronómicos visitados o excursiones realizadas por su cuenta, cuando tal vez ya partió en su recorrido a lo largo del denominado Corredor de los Lagos?

El Estado tiene que estar más presente que nunca, subsidiando el trabajo y las Pymes que predominan en el turismo en este momento de crisis, diseñando un protocolo para el destino en su conjunto, con la participación de todos los actores sociales. Finalmente, tal vez habrá llegado la hora de poner en discusión el monocultivo en los destinos turísticos, una sobre especialización en esta actividad como se ha comprobado sumamente vulnerable, y pensar en una diversificación económica, desarrollando otras actividades productivas complementarias con el turismo, un tema pendiente en San Martín de los Andes. Tal vez llegó la hora de debatirlo.

1 Comentario

  1. Excelente nota Marcelo comparto totalmente lo que expones. Pareciera que no nos sirven los ejemplos de otros países y qué pasó en época vacacional. Saludos y gracias

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