Por Flavia Campeis

El periodismo, para mí, es una necesidad extrema de contar historias. Es contar La Historia.
Creo que primero tuve ese sentimiento y luego me asumí como periodista, decidí al periodismo como un modo de andar en la vida, de contarlo todo, para de alguna manera transformarlo todo. Siempre pensando en la comunicación como un derecho humano. El derecho a contar lo que nos pasa, pero también a conocer lo que pasa.
Y así, estos ojos ya nunca más pudieron ver, mirar, sin hacerlo desde otra perspectiva que desde el periodismo. Con la necesidad de rescatar una pequeña chispa de la historia de la que somos parte, para ponerla en palabras y así, escribiéndola, diciéndola, contándola, esa chispa tal vez pueda tomar otra forma. Tal vez pueda convertirse en una llama que se esparza. Tal vez ese fuego, después de ser contado, pueda ser apagado entre todes, si es necesario. O mejor, ese fuego, tal vez pueda ser alimentado colectivamente para que se propague e incendie todo.

Y así, como primero me sentí ejerciendo el periodismo y luego me di cuenta que era periodista, lo mismo me pasó con el feminismo. Primero tuve un montón de sentimientos sobre cómo contar, entendía que algunas historias necesitaban un tratamiento especial, con mayor profundidad, ahora sé que eso se llama perspectiva de género. Así, después de sentir esto, me considero una feminista, una periodista feminista.
Es que en medio de mis salidas a cubrir piquetes, robos, barrios inundados, conferencias de prensa, recitales o eventos deportivos, en medio de todo eso un día empezaron a aparecer ante mi necesidad de contar, mujeres víctimas de la violencia de nuestras sociedades machistas. Y eso pasaba a cuadras de donde nacimos, de donde vivimos, ya no sólo en placas de canales de televisión de Buenos Aires.
No fui la misma desde que tuve que contar que:
Un día mataron a golpes a una anciana, Zunilda Brener, en mi ciudad, Capitán Bermúdez.
Un día durante una entrevista tuve a upas al hijo de Rocío Gómez, mientras la mamá de ella me contaba que la chica de 17 años estaba desaparecida. Meses después apareció descuartizada en un pozo en el barrio La Florida de Rosario. La había matado su pareja.
Un día empalaron a una mujer y dudé si tenía que usar o no la palabra “empalamiento”. Ella era Nora Zenz y vivía en Puerto Gral. San Martín, su tío la mató en medio de un violento acto sexual.
Un día Marlene Franco, de 20 años, volvía de bailar y un joven de su edad y de su pueblo, Oliveros, la cruzó, la golpeó, la violó y la mató.
Un día Rosa Silva y su hijo fueron asesinados a golpes por el novio de ella en Puerto.
Un día se cumplía un nuevo aniversario de la desaparición durante la dictadura de nuestra vecina, Isabel Carlucci, embarazada.
Un día, otra vez en mi ciudad, llegué a una casa donde estaba Eliana Gauna y su hijito muertos. Habían sido ferozmente atacados por el novio de ella, a golpes y puñaladas.
Un día un ajuste entre narcos terminó a los tiros contra un boliche en Bermúdez y mataron a Any Rivero.
Un día en cuarentena muchas mujeres se quedaron encerradas con violentos y acosadores. Yoana Romero murió en medio de esa situación.
Y un día, como tantos otros, nos sigue faltando Paula Perassi. Todavía recuerdo cuando me llegó un parte policial que decía “solicitud de paradero”. Todavía recuerdo el temor a molestar cuando llamé por primera vez a su padre Alberto. Todavía recuerdo el temor a incomodar cuando hablé por primera vez con su madre Alicia. Si hubiera sabido que a casi nueve años la seguiríamos buscando, y que no es una “solicitud de paradero” sino una desaparición, no sé si hubiera tenido las fuerzas para hablar con su mamá y su papá.
Y tantos días tantas otras mujeres son víctimas de violencias de todo tipo.

Hoy, en el día de la y el periodista, la necesidad de contar historias se transformó para mí en una obligación, en una responsabilidad. Y contar con perspectiva de género, con una mirada desde los feminismos, mucho más aún. Con una mirada que sume una chispa al fuego que nos posibilite ser una sociedad un poco más igualitaria, un poco más equitativa, que cree un mundo más justo.
Celebro al periodismo periodismo libre, popular y disidente. Celebro al periodismo que busca la justicia social.

Ilustración: Señora Milton

Flavia Campeis es periodista en el Periódico Sintesis y la Radio Comunitaria FM Poriajhú, este texto realizado por la periodista a pedido de la agrupación Fuego Feminista de Capitán Bermúdez.

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