Por: Stella Maris Lamela

Swift, Swift…. Me suena a paté, a picadillo de carne… No voy a hablarles del picadillo sino del escritor Jonathan Swift. Pero volveremos al tema del picadillo.

¿Por qué leer a Jonathan Swift puede ser una aventura de lo más desafiante, aún después de haber pasado más de 300 años de su obra?

En un retrato de Charles Jervas que pueden hallar en la web, van a encontrar una figura de Jonathan Swift, este gran escritor irlandés, con peluca de la corte de época. Nadie podría anticipar a simple vista que este “señor”, que fue sacerdote los 27 años y escribió muchos más textos anónimos de los que a historia pudo  recuperar, sea uno de los precursores de lo que denominamos “humor negro”.

Su nombre seguramente nos suena porque Swift fue el escritor de los famosos Viajes de Gulliver. Esta obra,  escrita en 1726, fue publicada en entregas en forma anónima. Es reconocida como literatura infantil debido a  sus adaptaciones posteriores y su comercialización en versiones para niñes. Sin embargo, “Los viajes de Gulliver a varios países remotos”, tal como se tituló su publicación inicial, es una denuncia a la sociedad y al ser humano, una suerte de crítica misantrópica a la vida de la Inglaterra del Siglo XVIII.

Hoy les invito a visitar o revisitar este clásico. Pueden encontrar el libro en nuestras bibliotecas populares que ya están abiertas al público. Si aún no se han asociado, es una buena oportunidad, ya que las bibliotecas populares de nuestra ciudad tienen cuotas muy accesibles y ofrecen materiales de excelencia.

La invitación es buscar el libro de Gulliver en una versión que no sea infantil y si les resultan conocidas las dos primeras partes (Gulliver en la isla de Liliput, el país de los enanos y Gulliver en la isla de Broddingnag, los gigantes) pueden saltearlas y centrarse en los dos últimos viajes. En la tercera y cuarta parte se van a encontrar con viajes en que la ficción juega su sátira a la burocracia, a las investigaciones científicas, al arte y a la obsesión humana. Asimismo, Swift anticipa en la última parte de esta obra una cierta animalización de la humanidad en paralelo a una humanización de los animales.

Su agudo sentido del humor, un humor incipientemente negro, lo obligó a publicaciones anónimas, a la utilización de seudónimos, a la constitución de grupos literarios que hoy denominaríamos “under”.

Ilustración de Santiago González- Ecuador  

Swift es un escritor contemporáneo en muchos aspectos. Por esto es desafiante leer algunos clásicos. Como escribió Italo Calvino: “Es clásico lo que persiste como ruido de fondo incluso allí donde la actualidad más incompatible se impone.[…] Los clásicos son libros que cuanto más cree uno conocerlos de oídas, tanto más nuevos, inesperados, inéditos resultan al leerlos de verdad.

Pero para conocer un poco más de este escritor y su irreverente humor negrísimo, les invito también a buscar en la web un texto muy accesible: “Una modesta proposición”. La gente impresionable debe abstenerse. Quienes lo lean, van a entender por qué al inicio de la nota les dije que volveríamos al tema del picadillo. Escrito en 1729, este ensayo ficcional, provoca aún una hilarante lectura (insisto: si no son lectores impresionables), en la que nos preguntamos:¿de qué nos reímos? y a la vez, ¿qué escribiría hoy un señor como Jonathan Swift?

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