Por Guido Tognonato

¿Qué sería de este mundo con los Océanos repletos de arrecifes de coral?

¿Qué sería de este mundo sin su dinero y su obsesión, sin sus montañas de basura y sin sus montañas de muertos, sin la sutil mentira del comunismo industrial y militarista, ni la pesadilla capitalista cínica y omnipresente?

¿Qué será de este mundo cubierto de vegetación, con sus habitantes deambulando libremente por ahí?

Adornándose con pétalos y plumas, con su miedo arrancado de cuajo, con los ojos brillando indomables en las cuencas. Remontando los ríos cristalinos que bajan de los hielos. Sin pertenecer a nadie.

¿Qué sería de este mundo sin la publicidad?

Sin empresas millonarias violando adolescentes, alimentando los cuerpos con veneno,dándonos placer a través del veneno.

Inculcándonos la violencia como el único lenguaje que somos capaces de transmitir entre nosotros y a otras especies.

Las montañas tiemblan desde sus cimientos y la vibración nos recuerda que somos
insignificantes.

Mientras las alas de los Cóndores se despliegan para (silenciosamente) sobrevolar la historia de la depredación y la violencia.

Entonces, cada vez que subo al cielo y cada vez que caigo.

Siento la Luna describiendo su danza de luces y sombras, de agua y sangre.

Respiro y sigo, como si toda la angustia y el horror que han sembrado sobre el planeta,palideciera por un momento ante la alegría y la simpleza.

Guido es también autor de: «Recuerdas entre risas cuando enfadada me empujaste escaleras abajo y cai desnudo en medio de esta absurda fiesta» (Cuentos y poesía) / «Melodía habitual del desorden» (Cuentos y poesías) / «La obstinación de vivir» (Antología de cuentos) / «El santuario de los olvidados» (Cuentos y poesías)

Guido Tognonato nació en 1991. Habitante de Las Lajas, Neuquén, es un ser con una perseverante búsqueda de lo intangible, tiene un delirio estrafalario por la naturaleza y la vida. Sus textos tienen tintes de mirada salvaje, combinadas con una sensibilidad desorbitante . Al hallar refugio en las palabras sus obras adquirieron connotaciones dolorosas, amorosas, de justicia y libertad que le regalan al lector la inescrutable sensación de lo necesario que es abrirse a las sombras para hallarse a uno mismx y luchar por sobrevivir. En sus propias palabras ha dicho: «Desperté y desde ese momento mi corazón late desaforadamente, tengo ojos para ver el mundo, colmillos, siento el hambre y siento el frio, disfruto el sol sobre la piel e intento ser bondadoso con todos los seres por igual. Me gusta sambullirme en las aguas heladas de los deshielos del sur. Caminar entre los arboles antiguos que crecen gigantes y silenciosos en sus margenes. Me gusta respirar.»
Joel Mosca Adett

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