Por: Angélica María Rodríguez Vasquez -Comunicadora Social, Magistra en Estudios Políticos

Escrito inicialmente para: huellas-suburbanas.info

Primera Entrega.

Generación tras generación pidiendo cambios al Estado colombiano, sin embargo este país tiene un “Mandamás” que sigue dando órdenes a diestra y siniestra; statu quo inquebrantable, el estamento de la guerra, historia sin fin.

Durante décadas, quienes mueven los hilos del poder político estatal en Colombia, un país de Latinoamérica productor de petróleo, café, flores, minerales, fauna y flora, con más de 44 millones de habitantes, entre ellos más de 62 pueblos originarios que aún sobreviven a pesar del exterminio de la colonización y el asesinato de líderes hasta nuestros días, comunidades Negras, Afro, Palanqueras y Raizales que habitan zonas de extrema pobreza, pero vitales para el sostenimiento económico, como el puerto de Buenaventura. Ha estado marcado por el legado y los odios sociales que dejo el bipartidismo, (Conservadores y Liberales), su mayor producto la muerte. En su mayoría los muertos, de ese tiempo oscuro de violencia, los entregaron los liberales cuando fue asesinado su líder popular y candidato presidencial Jorge Eliecer Gaitán el 9 de abril de 1948 en plena plaza pública, efectivo realizado por un sicario. Sin embargo, la historia nunca nos ha revelado ¿Quién dio la orden de ese asesinato a sangre fría? Por este hecho Bogotá, la ciudad capital, quedó destruida y con miles de cadáveres de personas que salieron enfurecidas y cegadas de dolor por el asesinato de Gaitán, porque no sólo asesinaron a su líder político, sino que asesinaron la esperanza de un pueblo de tener un país distinto. (Libros recomendados: “No Nacimos Pa semilla – Alfonso Salazar” y “Colombia una Nación a Pesar de Si misma – David Bushnell”).

Los militares estuvieron firmes en 1948 con sus francotiradores que dispararon a toda persona que salió a la calle. Se fortalecen en 1954 con el gobierno de facto del General Rojas Pinilla. Pero se evidencia la inconformidad de los que aún no se muestran, y se continúa una temporada de violencia en el marco de un Frente Nacional entre conservadores y Liberales, sin el más mínimo escenario para dar ingreso a otro partido político o interlocutores que gestaran la apertura democrática. Las olas de violencia que se acrecentaron en las zonas rurales, sustentó por más de 6 décadas la justificación de inversión en armamento y mantenimiento de las Fuerzas Militares, quienes siempre estuvieron protegidos por el FUERO MILITAR. Desde los años sesenta, con la Juventud Comunista y otros pensamientos revolucionarios, hasta finales de los años 80´s, se pensó que cambiarían las realidades de injusticia social, y especialmente con los procesos de desmovilización que inició en aquella época, pero no era cierto: se masacraron sistemáticamente a desmovilizados y dirigentes del nuevo partido Unión Patriótica – UP.

Otros actores aparecen en la escena de violencia sin fin en Colombia: las Autodefensas, grupos que en sus comienzos serían “vigilancias privadas” de terratenientes y gamonales, que pronto asumieron la bandera de autodefensa de megaproyectos territoriales de grandes inversionistas, y que para entrar en la dinámica social eran Paramilitares, que tendrían como misión defender a los propietarios de tierra de las amenazas de las guerrillas. Pronto se armaron como ejércitos generadores de cientos de masacres, en el que como describe el investigador colombiano Mauricio Romero, perteneciente a lala Fundación Arco Iris, cualquiera podría ser un enemigo vestido de civil, por tanto para ellos no existió “La población Civil”. ¿Dónde y qué hacían la fuerzas militares, mientras entraban los Paramilitares a una población que tuviera presencia de guerrillas? La historia de pobladores es que, antes de una masacre, soldados del ejército se presentaban, obtenían información y luego daban vía libre para que el combate se diera, dejando a la población civil en total indefensión.

La resistencia del Frente que se denominó la Séptima papeleta, liderada por el movimiento Estudiantil y a la que se sumaron sectores que socialmente no habían sido reconocidos, como las mujeres, las comunidades indígenas, las comunidades afro etc., forjó la concreción de la nueva Constitución Política de 1991. En ese momento se elige como presidente a César Gaviria, porque sicarios mataron al precandidato liberal Luis Carlos Galán, como a los precandidatos Carlos Pizarro (líder firmante de la paz del M-19) y al conservador Gómez- Hurtado. Fueron tiempos más rudos, el poder del narcotráfico se evidenció con bombas en las calles y cualquier espacio público, las ciudades estaban sintiendo lo que los campos sufrían décadas atrás. Sin embargo, existía la esperanza en el cambio de Constitución Política, pero la entrada de las políticas de mercado neoliberal golpeó fuertemente a los agricultores y distintos sectores de trabajadores.

En toda la historia, desde las fallidas desmovilizaciones, con los tipos de masacres, secuestros y las formas sádicas con que se atacaron poblaciones y se descuartizaron a cientos de desaparecidos, llevados a hornos crematorios, es difícil levantar cifras reales de cuántas personas han sido víctimas directas del Conflicto Armado en Colombia. La unidad de Victimas – instancia gubernamental – habla sólo de 9 millones pero la realidad es que es una cifra mínima. Además, se pensaría que con la firma de Paz entre el Estado Colombiano y las FARC- Ep todo estaría resuelto, y Colombia tendría cambios sustanciales en sus políticas, pero una vez más, no es así. Siempre en el foco de reconocer quienes “son los malos” ha estado lejos de reconocer al mismo Estado y sus gobiernos como el generador de tanta violencia, ahora ya no son los guerrilleros, los paramilitares o las bandas delincuenciales, ahora son los “vándalos”, los jóvenes que se dedican a saquear y destruir el patrimonio público según las fuentes gubernamentales que se posicionan como discurso a diario en los monopolizados medios de comunicación colombianos. Jóvenes que hemos visto en las últimas semanas por medio de videos de Instagram y YouTube, perdiendo sus vidas porque para ellos la lucha no ha acabado, hemos visto de primera mano cómo han sido asesinados fríamente por el ESMAD.

Por ello es fundamental preguntarnos ¿Quién dio la Orden? Para que campesinos y jóvenes, objetos de ejecuciones extrajudiciales, fueran subidos a camiones o vehículos, prometiéndoles trabajos de recolección y otros, transados como mercancías por los mandos del Ejército Nacional de Colombia, para ser asesinados y pasarlos como guerrilleros muertos en combate: más de 6.400 según informe de JEP – 2021, sumamos a esas cifras los desaparecidos y muertos en las protestas, que van desde 2019 y ahora en el 2021 por las balas del ESMAD “Escuadrón Anti Disturbios”; representan el LUTO de un país y el dolor profundo que viven las mujeres en mayo, mes del día las Madres en Colombia.

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