En el mes de diciembre los incendios forestales, azotaron gran parte del bosque nativo en la provincia de Neuquen y Rio Negro. Más de 6.000 hectáreas se quemaron en Quillen, un paraje de la Comunidad Mapuche Currumil a 40km de la localidad de Aluminé, el incendio comenzó en las plantaciones de pino de CORFONE (Corporación Forestal de Neuquen) donde se quemaron 200ha de su plantación, luego se extendió, consumiendo más de 6000ha el cual el 80% de este bosque estaba conformado por pehuenes milenarios. Aqui reflexionaremos, sobre el rol del fuego, la importancia de los bosques nativos y su protección.

Si bien la conformación de los actuales ambientes andino patagónicos, su actual fisonomía, la composición de sus bosques, ha estado caracterizado por diversidad de disturbios de distinta magnitud entre los que se encuentran las erupciones volcánicas así como fenómenos puntuales de remoción de suelos o deslizamientos; y que esto ha determinado que al menos algunas de las especies forestales que conforman estos paisajes hayan desarrollado estrategias de recuperación frente a disturbios, y particularmente con relación a la presencia de fuego, como el grosor de la corteza del Pewen o la capacidad de rebrotar de cepa del ñire o el roble pellín, lo que está claro es que el fuego no es un elemento “necesario” en los procesos dinámicos de renovación de las masas forestales.

Es decir, algunas especies han desarrollado estrategias para la supervivencia o la recuperación, lo cual indica que hay registros de eventos de fuego naturales, pero no sería el fuego el elemento disturbante necesario o indispensable en la dinámica de renovación de los bosques. Dicho de otro modo, el fuego no es un factor indispensable para la renovación natural de los bosques andino patagónicos y su consecuente conservación.

Existe numerosa bibliografía en la que se analiza la relación y los efectos del fuego sobre las masas forestales andino patagónicas, lo que es evidente es que los incendios naturales son una extremadamente mínima parte respecto de la totalidad de incendios que se producen, indicando las estadísticas que más del 95% de los incendios son producidos por causas humanas (descuidos, negligencia o intencionalidad). Del mismo modo se puede observar que ambientes afectados por incendios (dependiendo lógicamente de la intensidad que haya desarrollado el mismo y consecuentemente los efectos sobre el sustrato y el banco de semillas) no siempre se recuperan, generándose muchas veces nuevas sucesiones vegetales distintas al bosque presente al momento del incendio. Es frecuente ver la generación de praderas con pastizales, plantas herbáceas anuales luego la aparición de arbustivas, sin que se regenere el bosque presente originalmente.

En términos generales puede inferirse, que, al desaparecer las condiciones ambientales naturales por efecto del fuego, para la instalación de regeneración naturales de la mayoría de las especies forestales, por disminución de la humedad del suelo, perdida de nutrientes, o de la capa orgánica del suelo, la excesiva insolación sobre el suelo (respecto de las condiciones dentro del bosque que favorecen la instalación de regeneración), se establecen condiciones muy poco propicias para la regeneración de las especies forestales, sobre todo las de Nothofagus (lenga, ñire, coihue, roble pellín, etc.) pero también de las demás, lo que compromete seriamente la capacidad de recuperación naturales de los ambientes afectados.

En este punto debe considerarse como un agravante a la situación provocada por la presencia de fuego, el proceso de herbivoría, es decir el pastoreo por ganadería doméstica, generándose una combinación de factores que provocan modificaciones adversas para la instalación de regeneración de especies arbóreas.

No obstante lo dicho, debemos asumir que de modo adicional, se está haciendo cada año más evidente, que el denominado cambio climático consiste en modificaciones de las variables climáticas que aunque parezcan menores, tienen una muy clara influencia en las condiciones ambientales en el presente, lo que se evidencia por ejemplo en las altas temperaturas de primavera a verano, la reducción de los volúmenes de precipitaciones invernales (níveas o pluviales) y las consecuente acentuación de las condiciones de sequía en verano; y finalmente, la ocurrencia de tormentas con descargas eléctricas (rayos) que pueden originar focos de incendios como los que en estos días se están desarrollando tanto en Quillén (Neuquén) como en Lago Martin/ Steffen (Rio Negro).

Los incendios forestales son incidentes recurrentes y todo indica que su ocurrencia tiende a incrementarse, así como las probabilidades de afectación de grandes superficies dadas las condiciones ambientales más propicias ya mencionadas para su propagación. Las consecuencias son, a partir de lo ya dicho, el inicio de procesos de degradación y alteración del ambiente, que tiene consecuencia inmediata en cuanto a la severa disminución de los servicios ambientales que brindan los bosques (conservación del suelo, regulación del régimen hídrico, reservas y conservación de la flora y fauna silvestre y el mantenimiento de la biodiversidad, etc.).

A partir de estas afirmaciones, debe quedar claro que cuando hablamos de bosques no nos referimos a (solamente) un conjunto de árboles, que nos provocan en mayor o menor medida sentimientos positivos y afectivos de protección como si de cachorritos se tratara. Estamos hablando de un sistema sumamente complejo y delicado, conformado por el suelo, la cubierta vegetal y la atmosfera que lo rodea, a donde se desarrolla una invalorable biodiversidad de fauna y flora, que cumplen servicios ambientales esenciales para la vida en general y la humana en particular. De esto se desprende que el impacto de los incendios se produce sobre todos los componentes del sistema, siendo tal vez la fauna en algunos casos el componente que tiene alguna chance de “huir” hacia condiciones más seguras, pero toda la biodiversidad del sistema se ve afectada por lo que hay una inmediata consecuencia negativa sobre los servicios ambientales que una masa de bosques proporciona (un ejemplo bien claro, lo constituyen los bosques en cabeceras de cuenca)

Frente a este contexto “poco esperanzador”, resulta propicio analizar el “que se puede hacer” y “quien lo tiene que hacer”.

Claramente por las definiciones legales desde la Constitución Nacional, la provincial en el caso de la provincia del Neuquén, y las leyes específicas, como la ley general del ambiente, la ley de presupuestos mínimos de conservación ambiental de los bosques nativos y las normativas provinciales derivadas; la responsabilidad en la gestión sustentable, la conservación y la protección de los recursos forestales nativos, le corresponden a los Estados tanto nacional como (fundamentalmente), provinciales. Específicamente, además, desde el año 2013 existe una ley específica de presupuestos mínimos (ley nacional 26.815, de presupuestos minikmos de Manejo del Fuego) que establece los principios rectores, las obligaciones y los procedimientos de los Estados (nacional y provincial) respecto de la problemática de Incendios Forestales, crea el Sistema Federal de Manejo del Fuego (https://www.argentina.gob.ar/ambiente/manejo-del-fuego) e instaura al Servicio Nacional de Manejo del Fuego como máximo organismo Nacional de especificidad en la materia. Corresponde manifestar, además, que dicha estructura se encuentra en el ámbito del actual Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación, lo cual es una clara definición política respecto de que los Incendios Forestales son un problema ambiental, que requiere respuestas políticas con basamento técnico.

Conviene aclarar en este punto que el combate de los Incendios Forestales demanda la disponibilidad de personal altamente entrenado, equipado y organizado. Tres condiciones que descartan de plano las iniciativas individuales y voluntarias. Entre otras cuestiones, por las condiciones de alto riesgo que implica trabajar en el control y extinción del fuego en el bosque.

Pero, por otro lado, por tratarse los bosques, desde un enfoque moderno, no ya como recursos naturales sino como bienes naturales o bienes comunes, existe sin dudas una responsabilidad concurrente de todos los habitantes de nuestro país, en cuanto a la prevención de los incendios forestales y de la conservación de los bosques en general, puesto que, como ya se dijo, son los que garantizan las condiciones ambientales más ventajosas para el desarrollo de nuestra vida. A diferencia de las tareas de combate del fuego, si es deseable y necesario que la sociedad en modo colectivo y las personas en particular se comprometan con medidas de prevención que no solo tienen que ver con el comportamiento cuidadoso individual dentro del bosque, sino con acciones puntuales de prevención o reducción de riesgo de ocurrencia de focos y el peligro de propagación (por ejemplo, el cuidado en el desarrollo de urbanizaciones dentro del bosque y la reducción de combustibles vegetales en áreas próximas a las estructuras urbanas o viviendas).

Esto último se asocia también al desarrollo de determinadas actividades económicas en áreas de bosques nativos y en particular, resultan problemático la implantación de forestaciones comerciales con fines productivos con especies exóticas dentro de áreas de bosque nativo.

Corresponde aclarar en referencia a esto último, que desde hace varios años (más de 25 años), las forestaciones comerciales con especies exóticas en áreas de bosque nativo, están prohibidas, tanto por reglamentación interna de la Administración de Parques Nacionales, como por legislación de la provincia del Neuquén (definiciones que se repiten en todo el país). Aspecto ratificado por las nuevas legislaciones en materia de ordenamiento territorial y conservación de bosques nativos para todo el territorio nacional.

No obstante, durante los primeros años de desarrollo más o menos masivo de forestaciones comerciales con fines productivos (básicamente pinos en Neuquén), se consideraba que el desarrollar este tipo de forestaciones en cercanías o dentro del bosque nativo (que hubiera estado degradado por alguna razón) era favorable y positivo para el ambiente. Había mucho desconocimiento respecto del comportamiento de las especies exóticas en cuanto a su alta tasa de “asilvestramiento” y consecuente regeneración espontanea, que ha ido en detrimento de la conservación de los bosques nativos, por la invasión de sus ambientes y la velocidad de crecimiento. Particularmente las forestaciones con especies del genero Pinus, tienen características que las hacen especialmente susceptibles a la ocurrencia y propagación especialmente agresiva del fuego (especies con resinas, altamente inflamables y con mucha producción de materia seca en el piso forestal que demora muchos años en degradarse).

Por último, podría decirse que la conceptualización y consecuentemente, el desarrollo de las estructuras y organización estatales, para la prevención y combate de incendios forestales, ha ido evolucionando (no sin avances y retrocesos), más o menos de la mano de la toma de conciencia social sobre esta problemática en particular y de la cuestión ambiental en general, de modo que en la actualidad es posible decir, que con deficiencias, nuestro país dispone de organización, personal entrenado y equipado, y con la coordinación interjurisdiccional necesaria, todo lo cual se ve reflejado en las normativas (leyes y reglamentaciones), que ordenan desde la base jurídica el rol de los distintos estamentos estatales.

Entre las distintas normas que se han ido sancionando en los últimos 15 años, se destaca por los instrumentos que ofrece (aporte de fondos para conservación y recuperación de bosques) la ley nacional de presupuestos mínimos ambientales para la conservación de bosques nativos 26331 y la consecuente ley provincial 2780 de Ordenamiento Territorial de Bosques Nativos de la provincia del Neuquén.

Frente a la problemática que se ha intentado describir más o menos sintéticamente, este conjunto normativo ofrece instrumentos novedosos y sumamente apropiados para el desarrollo concreto en el territorio tanto de estrategias de prevención como de recuperación ambiental o rehabilitación ambiental de bosques degradados por incendios forestales, a través del Fondo para la Conservación de bosques nativos que financia con aportes económicos no reintegrables, Planes de Manejo y Conservación, tanto destinados a propietarios de tierras particulares con bosques como al propio Estado para el desarrollo de planes a diversa escala.

Queda pendiente, recurriendo a los instrumentos mencionados en el último párrafo como con otras fuentes de financiamiento, que el Estado Provincial desarrolle políticas claras y decididas en materia de Conservación de Bosques Nativos y el fortalecimiento de las estructuras provinciales de prevención y combate de incendios forestales (Servicio Provincial De Manejo Del Fuego) tanto en infraestructura, organización, conducción técnica y equipamiento de sus miembros en pos de garantizar mayor eficiencia en la detección temprana y ataque inicial para evitar que los posibles eventos afecten grandes superficies.

ING. FORESTAL DANIEL A. BOCOS

DIC. 2021

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