Por Marcelo Impemba

En mi anterior artículo en este medio, además de analizar el turismo y sus lógicas de desarrollo en el actual contexto de la pandemia del Covid-19, ponía énfasis en las consecuencias de una apertura turística indiscriminada, proyectando un escenario en San Martín de los Andes basado solo entre protocolos y la denominada responsabilidad social individual, ambos de difícil cumplimiento y efectividad sin el control y presencia del Estado.

Recordemos que la temporada turística comenzó el 1° de diciembre pasado, bajo fuertes presiones de los sectores que representan a comerciantes, restaurantes, bares y alojamientos, ante la posibilidad de una cuarentena “reducida” de seis días –cuando desde Zona Sanitaria IV recomendaban dos semanas de restricciones-. Restringir la circulación del virus era mínimamente una condición para preparar la ciudad y su sistema sanitario ante el arribo de turistas.

Voces de representantes del sector privado, recomendaban a aquellos residentes mayores de sesenta y cinco años o aquellos que tuvieran “miedo”, que no salgan y dejen trabajar a quienes sí tienen que hacerlo, para poner en funcionamiento la maquinaria que “aporta” a esta ciudad turística. En la misma línea. El Intendente reforzó esta visión -sin reconocer que tuvo que retroceder ante la coerción e imposiciones sectoriales-, sosteniendo que debemos convivir con el virus, en especial en una ciudad que “vive del turismo”. Los hechos están demostrando que no es posible combinar indistintamente salud y negocios sin restricciones, los “negocios saludables” como los llamaron, son una contradicción que se ha evidenciado por lo menos desacertada.

Luego, lo inevitable: la relajación de las condiciones de cuidado y prevención -un fenómeno a nivel mundial-, ayudado por falta de controles reales, reforzado por medios de comunicación y redes sociales de quienes niegan la existencia del coronavirus, denunciando sin pruebas una supuesta maniobra de los poderosos para retenernos a la fuerza y coartarnos nuestras libertades.

San Martín de los Andes llegó a la impactante cifra de casos activos -considerando la amplia diferencia en población, le disputa a la ciudad de Neuquén el segundo puesto a nivel provincial-, que, junto al número de fallecidos, crecen exponencialmente, la mayor parte en el período que va de la segunda quincena de diciembre del 2020 y los primeros quince días del actual mes de enero. Esto pone a la ciudad y toda la región al borde del “colapso sanitario”.

Para justificar estas cifras, se denunciaron las reuniones sociales, los festejos de hinchas de futbol, las fiestas clandestinas, la poca conciencia de la población local. Quienes vivimos todo el año en San Martín de los Andes somos los responsables. Y para asegurar la temporada en curso, un discurso homogéneo baja desde el ejecutivo provincial, pasando por el municipio local, sus funcionarios, incluidos los de Salud, quienes sostienen que no hay turistas entre los contagiados. Un comportamiento ejemplar que contrasta con los irresponsables habitantes de esta “aldea de montaña”, convertidos en negacionistas o rebeldes ante cualquier orden social, o acusados directamente de ser empleados públicos poco “empáticos” con quienes sí son el motor de la economía. Este discurso no aclara que los turistas registran domicilio en otro lugar, por lo tanto: ¿No serían computados en su residencia de origen?

A nivel provincial el turismo es una herramienta de crecimiento y progreso, una llave que abriría las puertas a la sustitución paulatina de la matriz extractivista dependiente de la renta hidrocarburífera. Petróleo y turismo son las bases económicas de Neuquén, ambas impactadas por la pandemia del coronavirus. Esto se da en el marco de un fuerte y sostenido endeudamiento, que coloca a las arcas de la Provincia de Neuquén en una difícil situación. Depende del turismo para la generación de ingresos y mejorar temporalmente los índices socioeconómicos desfavorables. Los últimos datos del INDEC, que comprende el primer semestre del 2020 sobre la pobreza en Argentina, dan cuenta de un índice del 40,9%, con una desocupación del 13,10%. Para el conglomerado Neuquén-Plottier, el porcentaje pobres/indigentes es del 42%, alrededor de 283.553 personas.

¿Estos números son consecuencia de la pandemia o esconde una ineficiente gestión / administración provincial?

Ya en el inicio del 2021 y ante un panorama desalentador en cuanto a la situación sanitaria como consecuencia del “rebrote” para algunos o “segunda ola” para otros, el Gobernador remarcó, ante la posibilidad de alguna mínima restricción, que no se pueden “frustrar las vacaciones de nadie”.

Como ya sostuvimos hace dos meses atrás, la construcción social del turismo es un proceso a ser analizado en todas sus dimensiones, en relación al marco político, ideológico y en especial económico, que marca su desarrollo y la distribución de renta resultante. El turismo es un campo donde se interpelan las diferentes formas de poder, entre los diversos actores sociales que intervienen en el hecho turístico (públicos y/o privados en forma individual o a través de sus asociaciones). Esa disputa de poder se concreta en el territorio, por la apropiación y explotación del paisaje convertido en un recurso. Es un espacio de vínculos colmados de poder.

Retomemos las expresiones de Byung-Chul Han, “la muerte no es democrática”, menos en pandemia. Esta ha servido para visibilizar la otra “cara” del desarrollo, aquella que muestra fuertes diferencias sociales y económicas, una desigualdad que se reproduce en los destinos turísticos, con cada vez más amplios sectores sin acceso a infraestructura, entre ellas en este momento la principal referida a la Salud.

Nota relacionada, por Marcelo Impemba:

https://eltabanodigital.com/pandemia-y-cuarentena-turistica/

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