Maitén Cañicul Quilaleo, Luis Alberto Curruhuinca y  Mariano Skliar para Contrahegemonía Web

Maitén, Luis y Mariano tenemos en común que nos gusta la charla y que creemos en la lucha.

Hicimos un diálogo con el fondo constante de la figura de Santiago Maldonado y, desde ahí,  escribimos este texto.

Unas palabras,  para hablar sobre el tiempo y la resistencia

El recuerdo de esos días tira un poco más atrás de la dolorosa efeméride. Todo empieza desde antes.  

Santiago desaparecido, como les desaparecidos de la dictadura.  La trama continúa para el lado del pasado.  Y el pasado vuelve como un fantasma, como un espectro.  

Los desaparecidos y desaparecidas de la campaña del desierto, del genocidio que consolidó al estado argentino.  Los campos de concentración, la apropiación de bebés, las violaciones, la tortura.   Caminando hasta morir de muertos.  Rezando hasta evangelizarse.  Sirviendo el té inglés para un estanciero bajado de los barcos.  Cortando caña para la familia Roca.   Convertidos en piezas vivas de museo.  ¿Es eso estar vivo?  

Aun así, las huellas de esos pies sufrientes seguían murmurando el mapudungun.  Caminar sobre unas huellas ya marcadas.  Capaz que eso hizo Santiago en Cushamen.  

¿Y quiénes eran los otros encapuchados que no eran Santiago, ahí plantados en esa ruta de los confines?    Porque el lonko  Facundo Jones Huala ya estaba preso.   Reclamaban su libertad.

La Isla Martín García, los tribunales de Esquel, la justicia militar en Chile.  Todas son las cárceles para Facundo.  Porque el lonko, aunque a muchos no les guste, es el símbolo de una nueva mirada de las luchas.  Facundo marca un cambio de tiempo acá en Puel Mapu.  Hay una vuelta de las autoridades ancestrales. Están naciendo.

Un montón de cárceles le destinaron al lonko,  porque en su palabra se agitaban todos los fantasmas. La radicalidad y autonomía mapuche que la corona no había podido doblegar  en siglos, los malones que hacían temblar el suelo cuando la diplomacia winka se había acabado, la lucha de clases anticapitalista desde el marxismo, el anarquismo de los obreros indeseados, la resistencia en Palestina, Vietnam.    No se asustaban solo los terratenientes de los fantasmas que nacían de la palabra de Facundo, también los progresistas y hasta algunos mapuches medio institucionalizados.  No se puede entrar al estado sin estatalizarse.  El estado es una máquina que te desconecta el espíritu del cuerpo.  Hablas la palabra de otro.  El lonko no quería planes, ni programas. Al progreso y la argentinidad, se les plantaba.     

Santiago tatuaba la figura de los fantasmas que brotaban cada vez que el lonko decía lo suyo.  Le gustaban, lo atraían.   Porque era anarco Santiago.  Quizás sabía que junto a los fantasmas estaba los ngen que cuidan cada elemento natural del territorio.    

De pie, su silueta entre otras siluetas encapuchadas, como en los piquetes de Cutral Co.   Los otros atrás de la capuchas, los que no eran Santiago,   eran sí jóvenes como él.  Criados en todo margen, fueron haciendo fuerte su espíritu mapuche para volver al territorio.  Pedreros y arenales a donde el estado y los gringos arrinconaron a sus familias.  Barridas hiper precarias colgadas del abismo, al borde de las ciudades opulentas del turismo.  Esa fue su geografía.  De ahí se vinieron a la ruta donde ahora  está también Santiago.   

Atrás de las capuchas hay ojos que saben mirar de frente a los milicos.  Los milicos ni veían eso.      Atrás de las capuchas hay unos ojos que también supieron mirar el pasado.  Jóvenes que conocen su historia, todo lo que le pasó a sus familias, dónde y cuándo migraron.  Saborearon el alimento de sus abuelas, las oyeron contar sus pewmas, fueron conociendo sus linajes.  

Comunidad en resistencia Cushamen.  Convicción,  rakizuam, todos los fantasmas que despierta Facundo,  Santiago que se arrimó.  Los milicos ni veían.  Las ministras ni veían.   Los jueces ni veían.  Cushamen es juventud, un componente inesperado para el sistema.  Las juventudes de las barriadas urbanas y rurales, volviendo al territorio ancestral.  El plan perfecto que ha salido mal, como dice aquel cuplé.   

Ahí estaban, haciendo el Pulmarí del siglo XXI.  Pero la represión se hizo inmensa. Salió en cadena nacional.  No hubo mediación. El racismo lo fue todo: estado, mercado, sentido común.  Y el vocero era Facundo.  Y entre las capuchas había uno que era Santiago.  Ni lo vieron.  De este lado muchos tampoco lo vieron como era:  anarquista, solidario de cortar la ruta, identificado con la espiritualidad mapuche.  ¿Les quedaba mejor cómo un artesano hippie?    Los milicos ni lo vieron, al principio.  ¿Les cumpas lo vieron?

De ahí en adelante la pelota no se pudo parar. ¿Quién manejaba ese caudal irrefrenable de mentiras? Se masificaron el dolor y la bronca. Pero se llegó hasta ahí. Se llenó la Plaza de Mayo. ¿Pero quién manejaba ese caudal? ¿Qué le querían hacer decir a Santiago? ¿Por qué no se podía reivindicarlo anarco, encapuchado, weñui tatuador de los fantasmas que andaban con Facundo?

Se llegó hasta ahí. Después todo fue irrefrenable. La inmensidad del paisaje atravesado por rutas y alambres fue mucho más manejable que todas las imágenes proyectadas por las pantallas. No poder manejarlo. Sentir que te observan, que te llaman de números desconocidos. A mil kilómetros de ahí te allanan el lof y es cualquiera. No poder manejarlo. Ese es el aprendizaje más grande para la próxima. Para que no sea de nuevo así.

Otras palabras, ahora sobre la sangre y el amor

La soledad detrás de esa carta que escribió en estos días Stella, la madre de Santiago. El tatuaje en el brazo de su hermano Sergio.  La Plaza de Mayo, vacía.

Dice así la mamá: “Estos últimos cuatro años sólo es tristeza, no sabemos qué te pasó ni tenemos justicia.Vos diste tu vida por los hermanos originarios y nadie hace justicia por vos.Siempre qué salías me decías, yo siempre voy a estar cuándo me necesiten. Esa fue la última vez, porque nunca más volviste.”

Todo empieza desde antes, Stella.  Eso charlamos ahora, cuatro años después, ni tan lejos ni tan cerca de donde cayó Santiago.  Se olía el clima hostil desde hacía un tiempo, Stella.  El poder festejaba la represión.  Ni vieron los milicos quiénes estaban detrás de las capuchas.   Si sabían que Santiago no era morocho como Rafa, capaz que paraban.  Porque con Rafa, nada.  Fusil, como en la campaña del desierto.    ¿Viste cómo ignoraron a Rafa tiempo después? Pero eso es cosa del poder.  Santiago dio la vida por los hermanos originarios.  Estuvo cuando lo necesitaron.  No volvió nunca más, Stella.     Lo que se haga y diga de su figura desde otros intereses, a él no lo toca.     

Muchos no mapuches lloraron a Santiago. Su desaparición y asesinato evidenció que los y las mapuches no mentían. Los mataban, los desaparecían, los perseguían. Ahora, no en el siglo XIX. Ahora. Para muchos solo fue posible verlo porque le pasó a Santiago. Pero eso a él no lo toca, Stella. Ni importa eso, Sergio. Porque Santiago estaba en la ruta, atrás de la capucha, dando la vida por los hermanos originarios.

Santiago dialoga con otros muertos. Con Matías Catrileo, seguro. El lof en resistencia Cushamen y tantas otras recuperaciones, la Lafken Winkul Mapu por caso, dialogan con el movimiento feminista, con la tradición obrera y piquetera. La radicalidad. Rayar la iglesia, cortar la ruta, recuperar la tierra. Todo eso mezclado con la ternura. Como Santiago sonriendo.

Lo llamaban Lechu sus amigues anarquistas. Nos decían “reivindíquenlo como quieran. Nadie es dueño de Santiago.” Rompían todo y al rato recitaban una poesía tenue, recordándolo. Politizaban la ternura después de la feria. Ponían la foto de Santiago en el puesto y no lo ocupaba nadie. Tatuaba las retinas, su ausencia.

La militancia no puede minimizar a la gente y sus opciones. Fuego, piedras, capuchas, arte, ternura. No la escondan. Reivindiquen como quieran, pero no minimicen.

Se hizo irrefrenable. No lo pudimos parar. Pasamos mucho tiempo marchando y hablando de Santiago. Pero eso no garantizó que nos entendamos del todo.

Las palabras que cierran, hasta decir ‘presente’ de otra manera

La impunidad en la justicia winka sobre la desaparición y muerte de Santiago, estremece. La impunidad en la justicia winka sobre el asesinato de Rafa, es también la impunidad de la campaña del desierto. Se vienen de frente las impunidades, como una tormenta que la ves o la ves.

Los muertos tienen un camino. Dejarlos descansar y recordarlos por lo que fueron es respetarlos. Hacer memoria sabiendo que aquí están, todavía y de otra forma. No hay que sacar usufructo, ni hacer extractivismo. No hay que decorarlos, no hay que inventar nada.

Quizás sea posible armar vínculo con Santiago en otros sentidos, para gritar ‘presente’ este 1° de agosto. La espiritualidad mapuche dice que los ancestros y las fuerzas naturales nos van uniendo. Hay que saber andar con eso. Santiago no es ni fue una moda, jamás.

Correrse de la argentinización de su figura, que lo empuja hacia el héroe a medida o un símbolo maleable a las necesidades , de tal o cual momento.

Pero eso a Santiago ni lo toca, porque él estaba donde quería, encapuchado, cortando la ruta por la libertad del lonko Facundo Jones Huala, que sigue preso. ¿Quién habla de él?

Santiago Maldonado ´presente´, tatuando en la piel de la tierra los fantasmas que a la mayoría llenan de miedo y a él, ahora, seguro lo abrazan.

Maitén Cañicul Quilaleo, Luis Alberto Curruhuinca y Mariano Skliar desde Puel Mapu, 29 de julio de 2021

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