«TILDA o Los Animales Saciados» es una serie de poemas creados por la escritora y vecina de nuestra localidad Tamara Padrón Abreu, aquí podemos conocer un poco más sobre ella y su nuevo libro. Tambien compartirá sus poemas en el stand de la Biblioteca Ruca Trabun, el Sabado 19 de Febrero en el marco de La Noche de las Artes.


Tamara Padron Abreu, Nació en Miraflores, barrio pegado al mar en la ciudad de Lima, Perú. Vivió veinticinco años en Buenos Aires  y desde hace doce en San Martín de  los Andes. Además, Profesora de Letras, docente, editora, militante,trabajadora de la cultura. Libros publicados: Esquina sin ochava (1999), Andenes (2003), Los días en la Selva (2016), Migraciones, la vida se desliza con facilidad (2018), Es tiempo de soltar la lengua/ poemas despenalizantes (2019), Tilda o los animales saciados (2021). También formé parte de distintas antologías, la última está siendo «Nos queda el mundo», editado por la Casa San Martín de los Andes de la Colectiva de Escritoras Patagónicas



¿Sobre que trata el libro y como comenzaste a escribirlo?

Algunos poemas de TILDA – o los animales saciados- ( Ediciones de la Grieta, Serie Les desatormentades) tienen algunos añitos, sus primeras versiones son de 2018; cuando junto con Conny Fort los sacamos a la luz como borradores en unas postales  conjugaba sus fotografías y algunos de mis versos. Luego vino Es tiempo de soltar la lengua y ese proyecto colectivo y feminista hizo que todo lo demás quedase en el freezer.

Con la pandemia volví a aquellos textos guardados y a las obsesiones de siempre, no tengo muy en claro cuáles son, pero giran en torno a lo que se descompone y de pronto ya no está, a la condición animal de los cuerpos, a lo que escapa a pesar de la maquinaria cotidiana o pese a ser aplastado,  nos mira altivo desde el suelo y sonríe.

Una nunca sabe del todo sobre qué escribe. Gracias a la posibilidad de estar becada pude cursar una clínica literaria con la admirada poeta chilena Malú Urriola, volví a los primeros textos , los dejé crecer y tomar el cuerpo de Tilda  como alter ego, como construcción fantástica como obsesión, como metáfora de vaya a saber qué cosa.  La poesía siempre necesita un otre. Justamente por eso quiero agradecer  a Florencia Nobre que hizo el diseño de tapa con todo ese glam ochentero que llevamos adentro y a Julieta Santos por su ojo atento con las correcciones. Un libro es un trabajo de muchas manos. Y también a la editorial, Ediciones de La Grieta,  que confió en la potencia de un poemario delirante. Dice en el prólogo Malú: “La hablante sueña a Tilda en una gasolinera cercana a Iowa mientras aguarda unos huevos estrellados, una taza de café y un poco de humana dulzura. Se sitúa en un segundo plano, tras los artefactos de la poética y los elementos del verso, desde donde observa a la actriz inglesa como quien vigila a un animal cercado entre la ruina y los antecedentes del desastre familiar, con su listado de pérdidas y desoladoras ternuras.”

También formo parte de distintas antologías, la última es Nos queda el mundo (algún poema tiene que haber), editado por la Casa San Martín de los Andes de la Colectiva de Escritoras Patagónicas.


¿Cuando lo presentaste o cuando será?

Es muy difícil compartir libros sin presencialidad, a más de un año y medio de la pandemia inventamos otras maneras conversatorios, presentaciones, lecturas, cafés, veladas, pero sabemos que no es lo mismo. Hay algo del deseo que queda insatisfecho. La voz mediada, es otra voz.  

El primer encuentro presencial fue en el marco de la Feria del Libro de San Martín de los Andes, en la que presentamos la colección completa de Les Desatormentades con compañerxs neuquinxs que la rompen: Dorado en sus puntas de Romina Olivero, Super 8 de Cecilia Fresco, La luz de los insectos de Carlos Blasco, Mirage de Tomás Watkins y por supuesto Tilda. No me voy a cansar de decirlo, una selección hermosa de colegas pensada por Daniel Tórtora, para mí es una alegría enorme ser parte desemejante colección.  Una cosita más, el título de la colección se lo debemos a  Diego  Rodríguez Reís  que hizo un cruce entre el lenguaje spinetteado y el inclusivo. Ahora se vienen nuevas fechas en Bariloche y en La ciudad de La Plata durante noviembre, pero la poesía tiene que llegar y leerse a cielo abierto.

El sábado 19 voy a estar leyendo junto a mis compañeras de la Casa San Martín de los Andes en la Noche de las Artes en el stand de la Biblioteca Ruca Trabún. La poesía tiene que estar en la calle.



¿Que lugar sentis que ocupa la Poesía en vos y nuestro pueblo?

Creo firmemente en las posibilidades  de la poesía frente al lenguaje, hace preguntas, desarma aquello que creemos seguro, rompe los lugares comunes, hurga hasta que aflore algo verdadero. Una palabra que vuelva a pasar por el cuerpo, por la memoria, una palabra que reconstruya el tejido que ya no está.

La poesía es un gesto siempre de resistencia frente al lenguaje del poder, ese por el que muchas veces nos sentimos hablados, ese que aleja, aliena y fragmenta. Entrar en poesía nos pone a escuchar otra cosa. Aparece el silencio ara que luego aparezca otra cosa. Podría decir que leer y buscar hasta que un lenguaje poético nos habla directamente a nosotres, una manera de decir, una voz, un tono, un recuerdo y ya está. La experiencia de nuestro mundo se ilumina y nos conmueve. 

Desde José Watanabe, Olga Orozco, Macky Corbalán, César Vallejo, Joaquín Giuanuzzi a Jorge Teillier o Rosabetty Muñoz; de Anne Carson a María Cristina Venturini, desde las niñas y los niños que escriben en sus escuelas y construyen hermosos proyectos poéticos a hasta la movida que de forma sostenida venimos llevando a cabo desde  el Instituto de Formación Docente y algunas Bibliotecas Populares como la Ruca Trabún o la Colectiva de Escritoras que recientemente se alzó con el premio Democracia.  La poesía es un territorio en el que todo es posible.

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