Por Colectivo de Arte La Concuna

Sin pan y sin trabajo, la situación de les talleristas municipales, a quienes, a pesar de los compromisos pre covid, la Municipalidad no les renovó contrato al inicio del ASPO, revela la precarización estructural que existe en el área de cultura y la deficiencia de las políticas públicas para el sector. También nos deja entrever el triste posicionamiento que las gestiones municipales vienen asumiendo con respecto a la idea de cultura.

Les trabajadores de la cultura, artistas, artesanes, teatristas, musiques, bailarines, somos la base de los circuitos culturales y quienes producimos la mayor parte de los bienes simbólicos de la sociedad. Sobre nuestras espaldas se carga el funcionamiento de estos circuitos y el de las políticas públicas culturales, pero somos les peor remunerades y les últimos en cobrar, eso siempre y cuando decidan pagarnos.

Colectiva de arte la concuna

Cuando se monta, por ejemplo, una muestra en un espacio de exposición, esas que disfrutan muches vecines y turistas, cobra le curador de la sala, quien diseña la publicidad, quien imprime los ploteos, quien cuelga las obras en la pared, quien realiza el mantenimiento del lugar, pero les artistas no cobramos. Cuando se monta un espectáculo musical en plena temporada cobra el secretario de cultura, le sonidista, le iluminador, pero ¿les musiques?

Contrariamente a los estereotipos instalados, esos con los que parece manejarse la Secretaría de Cultura, les trabajadores de la cultura no vivimos del aire, no comemos amor al arte, ni pagamos los impuestos con musas inspiradoras. Llegar a producir obra y a enseñar nuestros oficios cuesta tiempo, formación, práctica, entrenamiento. Les artistas estudiamos, nos preparamos largamente, invertimos tiempo y recursos, somos trabajadores y trabajadoras. El problema es que nuestros derechos laborales no son reconocidos, al punto de poder emplearnos como talleristas durante 15 años consecutivos bajo modalidades de contratación sumamente precarias, con contratos de 3 meses de duración, intermitentes y a gusto del gobernante, sin vacaciones, sin estabilidad laboral, con salarios que en su mayoría no alcanzan ese 30% que recientemente se rebajaron les concejales. Esto a cambio de una labor que implica la transmisión de nuestros saberes artísticos y el sostén de espacios para disfrute de todes, pero también, desarrollar tareas sociales importantes, que incluyen en muchos casos entregar una merienda a les pibes de nuestros barrios populares, merienda que llega a depender de que también amases y hornees el pan con el bolsón de harina que “te consiguió” la muni.

Al punto de llegar a pedirnos que trabajemos gratis o por especias, como cuando nos ofrecen a cambio de una escultura una estadía en Villa Pehuenia, o cuando organizan una “Peña” virtual y les piden a les musiques que sean solidarios (con el Estado será) y trabajen gratis para generar la recaudación del área de Desarrollo Social.

En Neuquén somos muches quienes nos estamos sumando al pedido de declaración de emergencia cultural provincial y de aprobación de los proyectos de ley que se vienen trabajando en conjunto con los bloques del Frente de Todos y el FIT. No sólo por les talleristas que en toda la provincia han sido abandonades por el estado, también porque sin público, sin salas, sin talleres, sin eventos en el espacio público no podemos sostenernos ni sostener los espacios culturales no estatales, y tampoco podremos con un 20% de “asistentes” cuando los protocolos lo permitan.

Para nosotres, la situación de Pandemia vino a colapsar un sistema cultural que estuvo siempre en emergencia, a visibilizar la desprotección laboral total en la que vivimos les trabajadores del sector. Tratando de obtener un salario con otros tipos de trabajo para después sostener nuestras producciones con nuestro bolsillo, o compitiendo por subsidios y mal llamadas “becas” que caen a cuenta gotas y casi nunca alcanzan a cubrir la totalidad de los costos de producción, mucho menos nuestros honorarios. Resignando tiempo propio y bienestar económico para poder llevar adelante las múltiples tareas que implica ser productores culturales: además de producir tenemos que gestionar, publicitar, difundir, generar espacios que no están. En el caso de les artistas visuales esto se agrava con la inexistencia de leyes que regulen nuestras formas de contratación y remuneración, la falta de un Instituto Nacional de Artes Visuales y de un sindicato, como sí existen para otras disciplinas.

Colectivo de Aarte la Concuna

Las culturas y las artes son derechos y son trabajos. Nuestro sector necesita políticas activas, pensadas para el largo plazo, no eventos culturales aislados y contratos esporádicos. Necesitamos la democratización del uso de los espacios públicos. No existe siquiera un relevamiento de trabajadores de la cultura de la localidad, que permita saber cuantes somos y qué hacemos, como base para generar acciones estructurales y duraderas de apoyo al desarrollo cultural que garanticen a todes el disfrute y el acceso a los bienes culturales.

Mientras tanto, las gestiones municipales siguen sin asumir la perspectiva de los derechos culturales, de hacerse cargo de las artes y las culturas como campos fundamentales de la producción social de conocimiento, de bienes colectivos, de subjetividades; y por lo tanto, constructores de democracia, diversidad, redes y vínculos comunitarios. Prefieren seguir sosteniendo viejas y elitistas miradas (declaradas o no) que ponen en el centro ideas de “buen gusto”, “originalidad”, “alta cultura”; o las más rentables de “entretenimiento” y “espectáculo”, eso sí, sin olvidar la siempre presente fotito de campaña para las redes.

Mural en el Barrio Intercultural – Colectivo de Arte la Concuna

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