Escrita por: Andrés Archila

Era 1886, el 29 de abril a lo largo del continente norte de América, se escuchaban voces de huelga si no se cumplían los acuerdos que proclamaba la ley “Ingersoll” proclamada por el presidente de la época, en la cual se asentaba la prohibición de jornadas laborales mayores a las 8 horas. Desde hace décadas los movimientos de trabajadores organizados exigían bajo la consigna “8 horas para trabajar, 8 horas para descansar y 8 horas para la casa” una vida más digna. Ya para el 30 de abril, era casi segura la detención de la fuerza laboral en las grandes urbes industrializadas de Canadá y Estados Unidos, la prensa calificaba de “irrespetuosos e indignantes” los reclamos de los trabajadores, hasta algunos fueron más lejos y comparaban la demanda con “querer cobrar los salarios sin trabajar”. El 1 de mayo se llevó a cabo una huelga multitudinaria, se detuvo el trabajo en muchas fábricas, menos en una que llevo “rompehuelgas o trabajadores remplazo” a mantener las labores que los obreros se negaban a continuar, La fábrica de maquinaria Agrícola McCormicky. Aunque muchas fábricas accedieron al reclamo con la presión de la huelga, los primeros días se mantenían en las calles de todo el país, más de 200.000 trabajadores, y en varios lugares había aparecido incidentes con la policía que dispersaba violentamente a los manifestantes. El 3 de mayo, las manifestaciones en Chicago se centraron frente a las puertas de la Fabrica McCormicky, donde a la salida del turno de los “rompe huelgas”, los manifestantes chocaron y hubo disturbios violentos, la policía aparece armada y dispara a quemarropa para finalizar la disputa, asesinando a más de 6 obreros e hiriendo a decenas. Adolph Phisher, periodista, imprimió:

Trabajadores: la guerra de clases ha comenzado. Ayer, frente a la fábrica McCormick, se fusiló a los obreros. ¡Su sangre pide venganza!
¿Quién podrá dudar ya que los chacales que nos gobiernan están ávidos de sangre trabajadora? Pero los trabajadores no son un rebaño de carneros. ¡Al terror blanco respondamos con el terror rojo! Es preferible la muerte que la miseria.
Si se fusila a los trabajadores, respondamos de tal manera que los amos lo recuerden por mucho tiempo.
Es la necesidad lo que nos hace gritar: ¡A las armas!
Ayer, las mujeres y los hijos de los pobres lloraban a sus maridos y a sus padres fusilados, en tanto que en los palacios de los ricos se llenaban vasos de vino costoso y se bebía a la salud de los bandidos del orden…
¡Secad vuestras lágrimas, los que sufrís!
¡Tened coraje, esclavos! ¡Levantaos!

El 4 de mayo continuaron las manifestaciones en la plaza de Haymarket, allí se dio la orden por parte del alcalde de disolver la protesta, en la mitad de los enfrentamientos, estallo un artefacto que mato a un policía e hirió a varios más. Las fuerzas armadas respondieron con mayor violencia y fusilaron a un número indefinido de obreros, se declaró el estado de sitio. Durante los siguientes días se llevó a cabo una persecución violenta contra los obreros organizados usando como escusa la búsqueda de los culpables. La prensa venenosa volvió a titular.

Qué mejores sospechosos que la plana mayor de los anarquistas. ¡A la horca los brutos asesinos, rufianes rojos comunistas, monstruos sanguinarios, fabricantes de bombas, gentuza que no son otra cosa que el rezago de Europa que buscó nuestras costas para abusar de nuestra hospitalidad y desafiar a la autoridad de nuestra nación, y que en todos estos años no han hecho otra cosa que proclamar doctrinas sediciosas y peligrosas!

Finalmente se capturó a los líderes del movimiento anarquista y obrero, tras un juicio irregular se les declaro culpables, y se les sentencio a la orca. Al final de ese mayo, los sectores patronales accedieron a reducir los horarios de las jornadas laborales, fue tal el éxito del movimiento que desde el sector obrero se proclamó “Jamás en la historia de este país ha habido un levantamiento tan general entre las masas industriales. El deseo de una disminución de la jornada de trabajo ha impulsado a millones de trabajadores a afiliarse a las organizaciones existentes, cuando hasta ahora habían permanecido indiferentes a la agitación sindical”

En 1889 el segundo encuentro de la internacional socialista declaro el 1 de mayo como día de reivindicación de la lucha trabajadora y esto se propago por el mundo, se empezó a honrar la valentía de los obreros caídos en aquel mayo en la ciudad de chicago.

Ya han pasado más de 100 años desde aquella huelga, aunque el día se celebra en la mayoría de países del mundo, es justamente en estados unidos donde no se celebra como el día del trabajo y como dice Galeano en uno de sus textos “nadie, o casi nadie, recuerda que los derechos de la clase obrera no han brotado de la oreja de una cabra, ni de la mano de Dios o del amo.”

Hoy, de repente los horarios y los derechos de los trabajadores han cambiado, como han cambiado los puestos de trabajo, hoy habitamos espacios de trabajos distintos, con otras exigencias, menos físicas en muchos casos. Pero en el particular de esta situación donde se nos está llevando a modelos de trabajo en nuestros hogares, los tiempos de trabajo parecen disolverse, y se extienden por que ya no hay silbato que marque la hora de salida. Pero no solamente ha cambiado los horarios, sino que también ha cambiado nuestra relación laboral, en muchas empresas hoy se trabaja también la exigencia anímica, se le pide al trabajador sonreír y dar un poco más, supervisores entrenados en prácticas frases como “Quieres ser ese tipo de persona que da el mínimo indispensable” o “para crecer hay que esforzarse y está en vos el poder llegar más lejos”. De pronto el trabajo ya no termina en las capacidades que vos ofreces al patrón, si no que se te exige el compromiso y dedicación que puedas dar, como premio a dejarte participar dentro de este mundo competitivo y capitalista.

Nuestras luchas han cambiado, el mundo de la información y la interconectividad hoy nos exigen estar plenamente dispuestos a sacrificarnos un poco más, a ponernos las camisetas de las empresas y sostener los estandartes de la productividad. El capitalismo industrial de 1886 no es el mismo que el de hoy, vivimos las épocas post fordistas, donde la burocracia ha sido adoptada de tal manera que se siente que está ahí para mejorar las cosas. En las escuelas se prepara a los estudiantes para los exámenes más que para aprender y en los hospitales hay más preparación de procedimientos para mejorar frente a las auditorias institucionales que para operaciones de vital importancia. El capitalismo de hoy transgrede los espacios laborarles y se adentra en nuestras casas para pedirnos más en nombre del progreso, porque las luchas por los derechos ya están ganadas al parecer-

La reflexión que quiero hacer al plantear estos dos escenarios, es rever la lucha que convirtió un día como hoy en un estandarte de la lucha obrera a nivel internacional, pero que deben ser pensadas, para las luchas obreras de hoy. El escenario ha cambiado y la explotación del capitalismo también. Les invito a que observen su relación con el trabajo y lo que enseñamos alrededor de él. ¿se vive para trabajar o se trabaja para vivir?

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