Por: Santiago Loustaunau

Patíbulo


En el patio de mi casa viven dos árboles,
ancestrales habitantes de esta tierra
tan antiguos
que no alcanzan los brazos del cuerpo
para abrazarlos.
Son guetos de aves, ecosistemas
de múltiples cantares,
sonajeros del viento.
Y están en peligro.
Porque el miedo reunió a mis vecinos
en asamblea de consorcio,
y dictó la sentencia:
los árboles deben morir
para el bienestar general
de los que estamos abajo.
Es de noche y brama la garza bruja
arrecia el viento

las maderas crujen.
Los árboles son cunas de oscuridad.
Mis vecinos intranquilos en sus camas
sueñan con la solidez del tronco al caer.
Mis vecinos podrían aprender
a confiar.
O talarán los árboles.
Estos árboles
que me vieron crecer y ahora
es cuando más siento su presencia.
Trato de acompañarles,darles
palmadas de esperanza, palabras de corteza.
Tal vez, les susurro, tal vez
ocurra el milagro.
Pero los árboles confían en sus raíces, me dicen
hay muchas cosas sucediendo
en realidades subterráneas
que mis ojos de no árbol no ven.
Me preguntan ¿Qué
si estás mirando del lado equivocado
y lo que realmente importa
es lo que está debajo,
lo que permanece
cuando todo cae?
Los miro perplejo.
Me explican:
“solo el árbol caído
puede ser puente”.
Sonrío.
Los árboles crecen sin pensar
en el filo ni en la caída, me dicen
esta tierra nos espera con otro abrazo.

Selección de poemas del libro Viaje a Queñi (inédito), Santiago Loustaunau.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here